martes, 2 de abril de 2013
martes, 12 de marzo de 2013
Los Pintores del Taller Adicora
El
pueblo de Adicora tiene un singular encanto, a mediados del siglo XX mantenía
una estrecha relación comercial con Las Antillas Neerlandesas, pero la
construcción de las refinerías de Amuay y Punta Cardón la fueron minando y
ahora solo es un pueblo pintoresco a orillas del mar, con bellas casa que datan
de la colonia y posadas veraniegas donde suelen pasar vacaciones los temporadistas que añoran escuchar
la efervescencia de su oleaje.
Esta
comarca es un destino turístico, una aldea de pescadores y contrabandistas, una
encrucijada de abastecimiento para los pueblos circunvecinos y extrañamente un
epicentro de la pintura.
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Siempre
amable y sonriente, un cigarrillo encendido entre los labios y exorcizado por
el aroma del ron de la caña de azúcar, para Emiro el acto de pintar era una
lucha cuerpo a cuerpo con la tela, una inmediatez que solo logran los grandes
dibujantes, para todo expresionista pintar es trazar con el color.
Se me olvidaba decir que tanto Emiro
como Nicasio trabajaron el diseño gráfico y la publicidad de manera paralela
con el arte de la pintura, una se nutría de la otra y viceversa, al tiempo que
establecieron una amistad con toda la intelectualidad falconiana, sobretodo con
poetas y narradores, con los cuales colaboraron durante décadas en el diseño de
libros y revistas y sobre todo ilustraciones de textos donde sus improntas
dejaron una huella inalterable en la historia editorial del estado.
Nicasio Duno es de los artistas más completos de Venezuela, domina todas las técnicas del dibujo y la pintura, su serie de personajes elaborada en plumilla en la década del setenta, es representativo de la nueva figuración en su mejor momento, Nicasio es un dibujante genial, su pintura que va de la figuración a la abstracción orgánica, esta construida a base de colores armónicos y pinceladas temblorosas y gestuales, un manera poética de reinterpretar y narrar las cosas de la vida cotidiana.
Como buen coriano Nicasio Duno es un
gran conversador, a ningún pintor le va tan bien la corianidad como a él, la
primera vez que lo vi fue en el año 1979, estaba vestido de blanco y la gente
lo rodeaba y lo aplaudía en el antiguo club de la CANTV, allí bailaba con mucha
destreza una canción de Las Estrellas de Fania.
Nicasio es uno de los mejores
pintores de nuestra historia y su amistad con Emiro Lobo es un ejemplo
invaluable de camaradería y solidaridad, pero la bohemia hizo estragos en la
humanidad de Emiro Lobo, el exceso de ron y cigarro le produjeron un cáncer en
la garganta que lo fue minando lentamente, la última vez que hablamos me llamó
por teléfono a Maracaibo para pedirme que lo acompañara a una consulta, pero
dos días después el pintor Benito Mieses me dijo que Emiro había muerto. Nos
queda su lección de maestro del dibujo y la pintura, la síntesis de la forma y
la economía de la línea como si se tratara de un calígrafo japonés, los
pintores de la ciudad de Coro nunca olvidaremos sus valiosas lecciones.
José Gotopo
07-04-2012
miércoles, 3 de octubre de 2012
FW: Colección de Arte, “Arte en Casa, arte para todos”.
José Gotopo, Taller de Arte, C.A
sus líneas, "Colección de Arte en Casa, Arte para todos"
se complace en invitarlos a ver nuestra nueva línea de Tazas en los siguientes Liks:
- "De Todas Maneras Rosas" Línea Septiembre Rostros
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- Línea septiembre "Viva Frida" retratos
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martes, 15 de mayo de 2012
Alirio Sánchez, un peregrino de la pintura.
Si hay algo difícil en la ciudad de Coro, es
averiguar donde vive el pintor Alirio Sánchez, desde que lo conocí en la
escuela de artes plásticas a finales de 1979, lo he visto en una eterna mudanza
de taller por todos los sectores de Coro y sus caseríos circunvecinos, se puede
decir que estamos frente a un pintor en transito, una especie de inmigrante
dentro de su propio estado.
Cuando vivía en Barquisimeto
desarrolló un gusto por el paisaje pastoril, esa escuela fundada por Rafael
Monasterio y continuada por otros paisajistas como Villalón, Requena,
Echeverría, y Ramón Chirinos, por mencionar algunos. Alirio Sánchez pintaba
paisajes con mucha habilidad, un día me invitó a casa de su familia ubicada en
la calle Mapararí cerca del viejo mercado municipal, allí mostró una caja llena
de bocetos sobre temas costumbristas, paisajes y personajes populares, me
impresionó la cantidad de obras, siempre a sido un pintor prolífico y su obra
posee un hilo conductor, los vasos comunicantes que le dan personalidad a su
lenguaje visual.
Durante
muchos años fuimos hermanos del alma, yo lo acompañe en la romántica aventura
del Grupo Tejas, comenzamos a pintar juntos en la plaza San Clemente donde él
hacía gala de su destreza como pintor de paisajes, luego peregrinamos por
distintos talleres, prestados, alquilados y hasta una vez invadimos una casa en
la calle Aurora donde los jejenes iban matando al pintor José Pérez, la casa
tenía muchos años de abandono y los murciélagos colgaban del techo, entonces yo
decidí correr a los voladores con fuego, pero se me paso la mano y la casa se
incendió, entonces corrieron los vecinos con baldes de agua y nos ayudaron a
apagarla. Ese capítulo de nuestras vidas creo que jamás lo olvidaremos, después
nos dio por ser promotores culturales y organizamos la retrospectiva del pintor
Emilio Peniche y la Primera Feria del Arte y
la Cultura en el Paseo Alameda, luego nos aventuramos por todos los
distritos del estado Falcón en la primera campaña muralística registrada en
estos predios
Pretendíamos transformar la sociedad
a través del arte y la participación de la comunidad, pero cuando nuestros
amigos de lucha e ideales llegaron al poder nos aplicaron el acido de la
indiferencia, gracias a Dios el arte sobrevive a los embates del tiempo. Por
eso el sigue siendo artista, jamás ha traicionado su vocación de pintor, ser
pintor le da sentido a su existencia.
Los
pintores del grupo Tejas casi todos en un momento de nuestras vidas nos
dedicamos a otras cosas, el único que nunca se ha apartado se la pintura es
Alirio Sánchez, un verdadero sobreviviente del oficio, bien a podido quedarse
pintando paisajes dulzones para turistas pero jamás ha dejado de indagar,
siempre experimentando porque Alirio asumió la pintura como un asunto de invención constante así se divorcio
del paisaje tradicional y comenzó
ensayar unos guerreros pintados al óleo que lo acercaban al lenguaje
figurativo de Alirio Rodríguez, claro está tomando distancia del maestro, luego
se dedico por completo a dibujar con creyones prismacolor una figuración antropomorfa
casi monstruosa que Alirio Sánchez expuso en la Facultad de Arquitectura de la
Universidad del Zulia, para esa época había fijado su residencia en Maracaibo,
en el taller Macondo donde José Pérez le enseñó la importancia del lenguaje
geométrico en la composición, entonces comenzó unas de sus series más hermosas
y con las cuales ganó muchos premios, se trata de una especie de crucifixiones
vegetales transparentadas sobre fondos geométricos, un lenguaje netamente
surrealista donde se sintió cómodo por la libertad que se permitía. En esa
época pintamos un mural a cuatro manos en la sede de la Escuela de Danza de la Universidad
del Zulia, el rector Chinco Ferrer nos
felicitó y nos ofreció cupo en la universidad, pero la desnudez del sol estaba
a punta de atormentarlo y emprendió el regreso a otra resolana, la ciudad de
Coro donde lo hemos visto hormiguear a la intemperie, siempre cambiando de
residencia, perseverando, reafirmándose ante las circunstancias que lo agobian,
pero que nada han podido ante su actitud de no dejarse destruir.
Ya
en Coro comenzó a trabajar con una compañía de teatro, haciendo unos enormes
decorados pintados a mano que presagiaban la nueva etapa de su pintura, unas
meninas redondeadas poéticas y monstruosas, grandes retratos texturados con
fondos abstractos y barrocos, fragmentos de bodegones en las esquinas, un
preámbulo a su pintura actual que es una fina combinación de pintura y dibujo,
grupos de mujeres sacadas de un romántico daguerrotipo, conforman una
composición que al primer golpe de vista parece una filigrana como salida de un
antiguo taller persa, un harén poético de colores análogos, una caligrafía
figurativa cargada de belleza, de unidad y armonía pictórica.
Alirio
Sánchez es una de las figuras más sólidas en las artes plásticas falconianas,
ha pagado con sangre el hecho de haber vivido toda su vida en el interior del
país, pero esto no le resta para nada importancia a su valiosa obra.
José Gotopo
CHUCHO RUIZ, UN MARXISTA DE LA PINTURA.
Hablar de la historia de las artes plásticas en
el estado Falcón, es mencionar obligatoriamente a Jesús “Chucho” Ruiz, el
educador por excelencia, el mismo que dedicó toda la vida a la formación de nuevos
creadores en la Escuela de Artes Plásticas Tito Salas. Allí realizó sus
primeros estudios bajo la tutela del maestro Domingo Medinas, en la primera
promoción junto a Emilio Penique, Julio Camacho y Roberto Chirinos. Desde allí
comienza su larga carrera pedagógica, veinticinco años al frente de un aula –
taller por donde pasarían pintores y dibujantes de la talla de Nicasio Duno,
Adonay Duque, Romel Reyes, Henry Curiel,
Régulo Gutiérrez, Mario Marín, Fernando Molina, Alexis Sánchez, Nelson Ventura,
Douglas Rojas, José Luis Molina y Wilmer Gutiérrez entre otros.
Yo di mis primeros pasos en
este camino bajo su dirección, allá en la vieja escuela de la calle comercio,
Chucho era un profesor puntual, con un alto sentido del humor, recuerdo que se burlaba
de aquellos pintores que envenenaban sus cuadros con monturas barrocas, doradas
y extravagantes, “...no monten sus obras
con María Luisa...” nos decía muerto de la risa “…pónganle una que se llame Petra Thielen, Anacleta o Domitila
Gutiérrez…”. Algunas veces se asomaba al pasillo y si no veía a nadie, le
tocaba los senos a la Venus de Milo y le susurraba al oído, “...Mi amor te tengo olvidada...”.
No dejaba de hablar nunca,
siempre con doble sentido, una vez me insultó porque me había copiado un cuadro
que vi en la portada de una guía telefónica, enfadado me dijo, “…no vuelvas a hacer esa vaina, pinta tus
propias cosas, ejercita el dibujo con creyones…”, entonces me fajé a
dibujar, pero una cabra de ojos amarillos que estaba criando mi madre, entró al
cuarto y se comió mis dibujo, Chucho al escuchar mi historia sonrió a
carcajadas y exclamó “…la pintura tiene
que servir para algo…”.
A mitad de la clase, a eso de
las cuatro de la tarde venía un pequeño receso, comprábamos pan con mortadela y
comíamos mientras conversábamos, la comida fue su gran pasión, era un sibarita
empedernido que prácticamente se suicidó comiendo. En una parranda en el taller
del carpintero José Mora sufrió un ataque de hambre y al ver que no había nada
que comer, se encaramó en una silla y se comió una bola de graso de chivo que
los carpinteros usaban para tonificar los serruchos, más tarde contó que el
graso sabía a mortadela. Cuando cumplía año su esposa le compraba dos tortas,
una para él y otra para los invitados. Un primero de enero en una parranda de
guitarras en mi casa lo vi comerse un pernil el solo con toda la naturalidad
del mundo, luego durmió durante tres horas para luego reincorporarse a la
parranda. Una vez nos contó que durante su juventud había sido un combatiente
durante la guerra de guerrillas al comienzo de la década de los sesenta, fue atrapado por el ejército y
pagó cárcel en coro junto al mítico guerrillero Chema Saher.
Ambos fueron sometidos a brutales
interrogatorios y torturas, una camarada que se encargaba de llevarle la comida
diariamente más tarde se convertiría en su esposa, a su hermano lo lanzaron
vivo desde un helicóptero, jamás supieron de él.
El gobierno de Rafael Caldera
le permitió volver a la vida civil, eso sí, sin jamás abandonar su aptitud de
hombre de izquierda, allí fue donde lo conocí en la década del setenta,
recuerdo sus lienzos de grandes dimensiones y colores estridentes que me
llamaron profundamente la atención, temas fundamentados en el realismo social,
en el discurso contestatario y la temática de lo cotidiano, el caso del brutal
asesinato del niño Vegas Pérez, la lucha armada contra el gobierno de
Betancourt, la guerra de Vietnam, además de temas populares y costumbristas
como la señora que plancha, el vendedor de periódicos, el limpiabotas, los
buhoneros y su modelo favorito: Dochito el matador de cochinos.
Chucho Ruiz nunca fue un pintor
complaciente, jamás pintó la zona colonial para congratularse con los mantuanos
de Coro o con los turistas que tienen una falsa imagen de la ciudad, nunca
“caramelió” su obra para hacerla comercial. Salvaguardando su pintura, se
dedicó toda su vida a pintar vallas
publicitarias, era muy diestro pintando letras, símbolos y logotipos, con eso
logró mantener a su familia. Siempre asumió la pintura y la docencia como un
apostolado y esa aptitud es digna de admirar, una vez pintó a mi padre en su
oficio de trovador en una parranda de tangos y milongas, hizo el boceto con un
lápiz al vuelo, luego lo trasladó al óleo y tituló la obra “El guitarrista”,
esta imagen adorna la sala de la casa de su esposa en la Florida.
Cuando llegó la televisión a
color duraba horas mirando las comiquitas, decía estar impresionado por el
color y la luminosidad de las historietas. En la última etapa de su pintura dio
un vuelco hacia lo ecológico, buscando una respuesta a ese enfrentamiento ciego
entre el hombre y la naturaleza, hizo una serie de obras que tituló “Árboles
sangrantes”, recuerdo particularmente una que era una máquina devorando árboles
a capricho, entonces le dije que si no le preocupaba que la obra fuera más
literatura que cualquier otra cosa, entonces respondió enfático que toda obra
pictórica es forma más contenido.
Nunca se apartó de lo
figurativo, fue un pintor de formas concretas, colores saturados y pinceladas
gruesas y pastosas, los obreros sus personajes predilectos, se trata de un artista
que traduce el discurso marxista a la pintura. El último cuadro que pintó fue
un obrero caído del andamio con los ojos brotados en el aire, entonces murmuró:
“…es que no hay andamios lo
suficientemente fuertes para sostener a los obreros…”.
De forma extraña, la obra que
le da notoriedad a este pintor, fue una serie de bodegones semi-cubistas que lo
convierten en el primer falconiano orientado hacia este tipo de lenguaje
universal, allí radica su importancia como creador, sus bodegones se deslastran
de toda literatura discursiva para quedarse solamente con la pura plasticidad; una
plasticidad que se desnuda en un lenguaje semi-abstracto, poderoso y adelantado
para esa época, de allí su incomprensión. Esa obra reclama una nueva revisión
desde una óptica histórica que la revalorice.
De él aprendí el rigor de la
composición y el placer de pintar bodegones, lo recuerdo gordo y alegre,
caminando ida y vuelta hasta la vieja escuela de artes plásticas, pero este
ejercicio físico no le sirvió de mucho, su desordenada forma de comer le
produjo un accidente cardiovascular que lo dejó aturdido, Emilio Peniche y yo
fuimos a visitarlo a la casa hogar de Cumarebo, donde estaba recluido, esa fue
la última vez que lo vi., allí estaba en silla de ruedas, solo y triste como un
árbol del desierto, mirando aletargado el azul cobalto de la bahía, el vuelo de
los pelícanos y las grandes barcos que cruzan el mar de Las Antillas.
José Gotopo
05-04- 2012
martes, 8 de mayo de 2012
RADIO PANTANO
Pionero
de las emisoras comunales en Venezuela
A mi hija Andrea
Quetzalí, nenúfar iridiscente en el agua de mi corazón
“En cada barrio hay,
por lo menos un loco
en cada loco hay,
por lo menos un sueño
en cada sueño hay,
por lo menos un drama
fiel al loco que le dio la eternidad”
Rubén
Blades
Todavía no terminaban de ponerme la
camisa blanca cuando mi madre me dijo: “esa señora que esta en la puerta va a
ser tu madrina, así que te vas con ella hasta la catedral, allí te van a
bautizar”. La señora me tomó del brazo y
nos fuimos caminando hasta la zona histórica de esa ciudad solar que llaman
Coro, cuando pasamos frente al liceo Cecilio Acosta vi venir por la calle
Ampies a un hombre diminuto, barbado y canoso, con una carretilla de madera y
una jauría de perros mansos que lo seguían, enseguida le pregunte a María
Capielo, ¿Quién es aquel extraño personaje? Ella sonriendo me respondió. “ahora si pues, no me digás que no conocés a
radio pantano”.
Mas tarde me entere que ese personaje mítico
de la corianidad se llamaba Carlos Eugenio Ugarte, hijo natural de Otilia
Ugarte, de su padre nunca se supo nada, muchos afirman que nació en Cabure de
donde lo trajeron muy pequeño, otros dicen que nació en Coro, en la misma casa
del barrio el pantano donde se crió, en la calle Miranda entre Riera y ese
camellón de tierra donde vivían esos músicos geniales; los hermanos Palencia
del grupo Duvisí, tan geniales que terminaron otorgándole nombre a la calle.
El barrio “el Pantano” es una de las
zonas mas populosas de la ciudad de Coro, a comienzos del siglo XX era un
suburbio pantanoso, una ciénaga donde desembocan unas quince quebradas que
atravesaban la ciudad de Coro y creaban un río de aguas limpias que succionaban
los medanos y a su paso dejaban grandes lagunas en donde los lugareños solían
ir de pesca o de cacería. Se presume que estas quebradas eran fuentes naturales
de riego para los indios caquetíos que habitaron esta zona y tal vez está sea
una de las razones para el posterior asentamiento de los españoles.
Los conquistadores habían aprendido
el arte de canalizar el agua en la lección de los moros del sur, por eso
canalizaron el río Coro a la altura de Caujarao y por un canal de ladrillos
bajaron el agua hasta varios puntos del centro de la ciudad, donde la gente
disponía de agua fresca y limpia para usos domésticos.
Para aquel entonces la ciudad era una
arboleda con mejor clima, gracias a la presencia del agua canalizada. Este
acueducto desembocaba en esa ciénaga movediza en la zona norte, que poco a poco
se fue endureciendo. Como es de suponer
estos terrenos presentaban dificultad para ser habitados, no obstante la gente
de bajos recursos, sobre todo criadores de chivos y pescadores de la zona
occidental del estado llegaron a Coro con la esperanza de mejorar su nivel de
vida y fundaron este barrio que fue dejando de ser pantanoso a medida que
algunos aspectos de la modernidad fueron llegando a la ciudad, cabe mencionar
la red de cloacas y la represa El Isiro
que nos trajo agua potable por tubería y permitió que los hacendados se adueñaran del acueducto diseñado por los españoles y
mejorado por el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. El canal de agua fría donde
mi hermano Cruz y yo solíamos bañarnos fue truncado y solo llegaba hasta la
huerta de mangos de Chichito Pulido, bordeando todas esas haciendas que
enmarcaban el camino hacia el Río La Peñita, donde los estudiantes del Liceo
Esteban Smith Monzón nos bañábamos cuando esta ciudad aún conservaba muchos
encantos de la ruralidad. Con el agua por tuberías también llego la
desaparición de los grandes bosques que alguna vez tuvo la ciudad de Coro,
nombraré algunos El Bosque de la quinta
el Palmar, El Bosque del Parque Los Orumos, El Bosque de la Sede del Ministerio
del Ambiente, detrás de la residencia del gobernador, El Bosque de la Sede del INOS, en la calle Cuba del barrio San
Bosco, El Bosque de la Calle Democracia
Arriba, frente a la casa de Monche Martínez, El Bosque detrás del taller de Chucho Borregales, en el barrio
Bobare y la Arboleda de Petra Gudiño
donde solía bañarme en sus aljibes antes de que construyeran la urbanización
Los Antonios. Todos estos bosques fueron muriendo lentamente como una migración
de elefantes en el desierto.
Aunado a eso las quebradas fueron
recubiertas con concreto y el agua se hizo tan mezquina en sus causes que solo
aparece cuando llueve a cantaros. De este modo la tierra se endureció, y los
habitantes del barrio “El Pantano” comenzaron a forjar su destino en una ciudad
que no fue nada fácil de conquistar, no solo por los problemas geodésicos, sino
también por el orden jerárquico del mantuanismo coriano que siempre los vio
como campesinos del suburbio, ajenos al
trazado cuadricular de la conquista.
Lentamente la gente del
barrio se integró a la dinámica de la ciudad y ha sido vanguardia en diversos géneros
del conocimiento, cabe mencionar: La Música y el deporte. Un hermano de mi
abuela, el músico Gilberto Riera compuso la canción El Pantanero, que es un himno para los lugareños. El trovador
Asunción Riera a quien mi padre llamaba el sobrino, cantaba esta canción
acompañado de su cuatro con una gracia y un ritmo único y si queremos mencionar
a dos pantaneros universales, basta nombrar al guitarrista Yamil Marrufo y al
pintor Adonay Duque.
Pero le prometí a mi hija Andrea
Quetzali hablarle de Radio Pantano y siento que me estoy dispersando; bueno
hija Radio Pantano nunca fue a la escuela pero aprendió a leer y escribir de
manera autodidacta, aprendizaje que mas tarde lo catapultaría a convertirse en
un notable poeta. Su primer oficio fue la panadería, donde demostró habilidades
de escultor, haciendo figuras con la harina que luego horneaba, para complacer
a los clientes que solicitaban panes con formas tridimensionales reconocidas.
Desde muy joven trabajo en la panadería de los hermanos Pelayo en la calle
Colina, donde comenzó a fluir su veta de
artista, siempre inconforme con la vida cotidiana, pero su verdadera pasión fue
la literatura, lector voraz, escritor de versos y declamador repentista. Pronto
ganó popularidad entre los habitantes de la comarca, quienes lo reclamaban para
que escribiera por encargo los obituarios, oficio que le permitió dejar la panadería
y dedicarse por completo a la bohemia. De golpe el licor lo iluminó y en un
acto de irreverencia apareció públicamente convertido en una especie de locutor
– juglar que con una originalidad telúrica va narrando los acontecimientos más
importantes de la ciudad.
Con tablas irregulares y una rueda de
metal construyo una larga carretilla a la que llamaba “La unidad Móvil”,
acompañado de su entrañable perra “Ñeña”, a su teatralidad le fue incorporando
diversos canes hasta llegar a la suma de 17 perros al final de su vida.
Radio Pantano presumía ser la única
emisora que trabajaba sin electricidad, en un momento de la historia nacional
donde nadie soñaba con las emisoras comunales y las pocas que existían
pertenecían a las familias pudientes, empresarios y terratenientes que
utilizaban los medios de comunicación para acceder o manipular el poder político
y económico.
Para Carlos Eugenio Ugarte ser Radio
Pantano era su razón de vida, su locura, su poética y su obsesión, el se
mantenía de lo poco que le daba la gente por limpiar solares y botar basura en
la unidad móvil, a pleno sol se plantaba frente a un negocio y con voz de
locutor la cual variaba según la ingesta de alcohol decía: “…Bodega Las Cuatro Esquinas, atendida por su propio dueño, Heriberto Soto,
víveres al mayor y al detal, pescado fresco, queso churuguarero, gallinas
criollas, conservas de coco aguaditas, mecates para amarrar barcos y para los
fracasados en el amor y un kerosene que da una luz azulita por Dios de mi
madre…”, al terminar la publicidad le decía a Heriberto “recuerda que la unidad móvil no trabaja sin
gasolina” y el bodeguero le daba unas monedas y seguía su faena, cantaba
una canción y decía el nombre del autor o del cantante que la popularizó, luego
recitaba un poema porque desde los controles le indicaban que era la hora cultural,
entonces declamaba Angelitos Negros, Verdades Amargas o Desiderata, luego
miraba el sol y decía la hora: “…en Radio Pantano son cinco para las tres
de la tarde, tilín…”. La programación la iniciaba a las siete de la mañana
con el noticiero; una vez informo que un grupo de esbirros durante el gobierno
de Pérez Jiménez había allanado varias casas y apresado a varios estudiantes en
la cárcel de Coro, donde estaban siendo sometidos a crueles torturas por no
querer delatar a sus compañeros. Al
terminar la información, Radio Pantano se percato que un esbirro de la
Seguridad Nacional lo había escuchado y lo estaba mirando, entonces con rapidez
dijo: “Tilín, esta emisora no se hace
responsable por los conceptos emitidos por sus colaboradores”.
Cuando lo doblegaba el cansancio,
después de recorrer tanta resolana, se acostaba a dormir en cualquier acera a
la sombra de su carretilla. Luego se levantaba, compraba un cuartito de ron,
rescataba a su amigo del alma, Narciso Sánchez, mejor conocido como “Chicho el
loco” bohemio y vendedor de billetes de lotería, tenia el pelo y la barba roja,
la piel tostada por el sol del caribe, se parecía al pintor holandés Vincent Van Gogh, y usaba una gorra de marinero
roída y desteñida por el sol. Ambos compartían la misma novia,
una anciana flaquita que llamaban la aguja, se la llevaban para un banco de la
Plaza San Clemente y allí la besaban y le metían mano a destajo. Yo los veía
porque me la pasaba pintando la zona
colonial, Chicho el loco siempre andaba con un cuatro desafinado, tenía el
complejo de músico y un día la lotería cayó en Coro y el cliente ganador le
regaló un dinero, “Bingo”, Chicho Salió corriendo para la Casa Japonesa, cuya
sede estaba en la calle Bolívar con Churuguara antes de quedar echa una
conserva por el fuego y allí compró una guitarra china anaranjada, luego fue a
la licorería por una botella de ron de dos litros y se instalo en un banco de
la Plaza San Clemente a darle manazos a la guitarra improvisando versos a la
ciudad de Coro, allí estuvo todo el día en trance, poseído por un extraño
demonio que lo colmo de alegría.
Una vez Amador Bendayán hizo Sábado Sensacional en Coro y promocionó
un contrapunteo entre Radio Pantano y Chicho el loco, les ofreció dinero para
que no tomaran licor y no dijeran vulgaridades, entonces llego la hora de la filmación
y comenzaron bien, los dos se decían palabras con doble sentido pero Chicho el
loco al ver que Radio Pantano le iba ganando la partida le dijo: “Si me seguís envainando te voy a dar una
puñalada en el celebro”. Como era de esperarse Amador detuvo la filmación.
Durante la década de los setenta
radio Pantano se mudó a la calle 2 del
barrio San Bosco, no se le conoció hijos, aunque las malas lenguas decían que
Marta La Negra había tenido un hijo con él, su amor platónico fue Pastora
Jordan la hermana de Pepe Lupe a quien no se cansaba de dedicarle poemas y
canciones. Radio siempre vivió en piezas alquiladas y al final de su vida
invadió un terreno al margen de los medanos en un sector llamado “Los Pozones”, allí construyó un rancho,
frente a la laguna de Los Orumos pero se quejaba, decía que en ese lugar
llegaba poca señal y eso no era bueno para su emisora. Intentó cambiarle el
nombre a la radio pero le fue imposible, hasta los cujíes lo conocían como
Radio Pantano.
Cuando la muerte lo sorprendió,
apenas contaba con setenta años, pero aparentaba mucho más por el estilo de
vida que había llevado, un infarto le borró la señal mientras dormía, días
después lo encontraron fuera del dial, los perros jamás se apartaron de él, dicen
que su cuaderno de poesía quedo en manos
del poeta Gregorio Meléndez, sería interesante revisar ese manuscrito.
Un día pasó por Coro Renny Ottolina y
entrevistó a Chicho, la ultima pregunta fue ¿Quién
es mejor Radio Pantano o tu?, Chicho trago grueso se pasó la mano por su
cabellera rojiza y su barba canosa, luego miró el cielo como buscando
respuesta, bajó la mirada, miró a Renny
y enfático respondió “Radio Pantano es mejor que yo, porque el es
poeta y yo apenas soy músico”
Maracaibo, 27/02/2012
REFLEXIONES PARA CELEBRAR EL DIA DEL ARTISTA PLASTICO
José Gotopo - 2012
En los últimos diez años los
actores del mundo político nacional cambiaron, nosotros los pintores por apáticos,
prepotentes y ermitaños nos quedamos fuera de la jugada, en la Asamblea Nacional
no hay nadie que levante la mano por la pintura y paradójicamente el presidente
de la república es un pintor amateur. Hemos pasado de una exclusión a otra,
antes porque éramos de izquierda, ahora porque somos una elite y no pintamos
como ingenuos o primitivos. Si hay algo que no se perdona es que una persona
venida de la pobreza haya triunfado en la cuarta república, porque su triunfo
echa por tierra una falsa filosofía donde ser pobre es un valor en si mismo, si
un pobre venció a la pobreza y se catapultó por encima de los obstáculos, se
convierte en un estorbo, alguien que desmiente la oralidad de la teoría.
Ese concepto de que el pintor no debe
inmiscuirse en política, es una treta para mantenerlo en silencio, hemos pagado
bien caro ese aislamiento
A los pintores las instituciones nos
llaman para exponer en una exposición colectiva en el marco de la celebración
del aniversario de la institución y en ultima instancia para ser condecorado
con un botón de honor el día del artista plástico, ese día nos meten en un saco
a todos a “Tirios y Troyanos” y de esa
verbena salimos contentos porque nos encanta una condecoración. A veces uno lee
el currículo de algún celebre pintor venezolano y queda exhausto con el numero
de condecoraciones que ha recibido. A los burócratas grises les encanta cerrar
su gestión condecorando a todos los artistas, y nosotros salimos corriendo a
recibir la condecoración.
En 1970 el pintor catalán Antoni
Tapies dijo que los museos eran las catedrales del futuro y creo que se
equivocó porque a las catedrales va mucha gente, sean fieles o turistas y a los
museos en Venezuela aunque son gratis no va casi nadie, los museos de Venezuela
tienen de todo, excelentes salas, colecciones, sabios en la materia, lo único
que les falta es público, a pesar de que el gobierno revolucionario lucha a
brazo partido contra el capitalismo, los venezolanos suelen reunirse en los
centros comerciales, así que no esta demás que los pintores pensáramos en la
posibilidad de exponer a futuro en los centros comerciales, ya que los museos
perdieron el poder de convocatoria y no se sabe a ciencia cierta cual es su
política, hacia donde están orientados. Particularmente creo que estos lugares
dirigidos por una casta sacrosanta deben dejar de un lado la exclusivista tarea
de sacralizar la obra de arte y orientarse hacia una labor mucho más
pedagógica, de desmitificación e inclusión donde los niños sean los
protagonistas, a fin de garantizarnos a futuro una generación de venezolanos
sensibilizados con el arte, desprejuiciar el museo que conocemos, donde no se
habla, no se toca, no se come, donde los niños no pueden correr, ni jugar y donde las inauguraciones parecen
fiestas de un club privado. Aspiramos un museo donde el hombre de la calle pueda confrontarse
con la obra de los grandes artistas universales, también con los cultores
populares que le dan sentido de pertenencia e identidad a su comunidad.
Durante años de educación
exclusivista se le hizo creer al hombre de la calle que los museos eran lugares
para un elite y la gente interiorizó esa información, y aún no hemos podido
derribar ese prejuicio, cuando los obreros asistan con naturalidad a un museo
será porque se ha iniciado una verdadera democratización de la cultura.
Los artista que habitamos en el interior del país creímos que con la
salida de la señora Sofía Imber del monopolio de la Red de
Museos de Venezuela, cesarían las trabas burocráticas que impiden la
posibilidad de que nosotros podamos exponer en los museos de Caracas,
lamentablemente las trabas burocráticas persisten y los museos de la capital no
están interesados en lo que nosotros hacemos, mucho menos podemos esperar que
aparezca alguna institución que promueva
la obra de los artistas regionales en el exterior, cada quien debe asumir su proyección
como un asunto personal, a diferencia de la política cultural cubana, que con
menos dinero sus artistas han llegado mas lejos, eso indica que es un asunto de
gerencia mas que de recursos.
Para exponer en alguna embajada o
consulado de Venezuela en el mundo hay que ser amigo intimo del embajador o del
cónsul, es decir por lo menos haber
jugado metras con él, de lo contrario te puede suceder como a mi que los
cónsules de Nueva York y Paris me ofrecieron sus salas de exposiciones, siempre
y cuando me costeara mi boleto y mi estadía en esa ciudades. Acaso los agregados culturales de las
embajadas están imposibilitados a establecer
un tipo de enlace con el Departamento de Asuntos Internacionales del
IARTES, a fin de que los artistas invitados a proyectar la cultura de Venezuela
en el mundo no naufraguen por falta de recursos.
Cada vez que conozco algún agregado
cultural de la revolución, recuerdo al pintor falconiano Olimpio Galicia Gómez,
poeta, cuentista, editor, promotor cultural, eterno militante de izquierda, técnico
en construcción civil, ingeniero, luchador social, docente universitario, posee
todas las credenciales para cumplir a cabalidad las funciones de un agregado
cultural, pero tiene varios elementos en su contra, no tiene ningún padrino en
el partido y lo peor no vive en Caracas, santuario nacional donde se cocinan
todos los cargos. Los artistas que militamos toda la vida en la izquierda esperábamos
ser llamados a trabajar en función de la construcción del país que todos
soñamos, pero los oportunistas y su clan de disfrazados nos ganaron la partida,
paradójicamente otra vez nos excluyeron y tal vez existan razones; cuando el
presidente Chávez hizo el primer llamado para la constitución de la Asamblea Nacional ,
se postularon y ganaron su derecho a voto escritores, cineastas, cantantes de
música venezolana, promotores culturales, mucha gente ligada a la cultura,
menos los pintores, siempre considerándonos por encima del bien y el mal,
elegidos de Dios en nuestra arrogancia, apáticos hacia el mundo de la política,
alérgicos a cualquier tipo de trabajo comunitario, históricamente incapaces de organizarnos,
deberíamos recibir clases de los pescadores y de los buhoneros, eso si, siempre
dispuestos a la bohemia para luego hacer talco a nuestros colegas, con
comentarios lapidarios.
Tampoco podemos echarle toda la culpa
al gobierno, porque el primer Ministro de Cultura que designo el presidente
Chávez fue el pintor Manuel Espinoza, quien no hizo ni la cuarta parte de la
gestión que ha realizado el maestro José Antonio Abreu a favor del Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e
Infantiles de Venezuela, que se han convertido en el símbolo de la
cultura gubernamental, cuestión que hay que admirarle al maestro Abreu, puesto
que recibió todo el apoyo del Dr. Luis Herrera Campins y luego fue Ministro del
Bachiller Carlos Andrés Pérez y ahora es un símbolo de este gobierno, su alumno
Dudamel es la punta de lanza de todo el sistema, un artista genial sin duda
alguna, ojala los gerentes de la cultura comprendan que nos es el único, puesto
que el país esta colmado de valores humanos trascendentales
A estas alturas nadie recuerda al
pintor Manuel Espinoza, ni nada que haya hecho favor del crecimiento de la
actividad pictórica en nuestro país, da la impresión que la pintura va de ultima y con la lengua
afuera, hemos visto con buenos ojos como el gobierno a repotenciado al cine
nacional, también hemos aplaudido las miles de nuevas publicaciones, editadas
por las imprentas del gobierno, entusiasmados hemos asistido a los festivales
nacionales de teatro y poesía, pero que pasa con la pintura, será que siguen
viéndonos como una elite de constructores de objetos lujosos destinados a
decorar las casas de los ricos, es bueno que el gobierno se entere que el 90%
de las galerías comerciales dirigidas por empresarios pudientes cerraron sus
puertas y abrieron en otros países, la mayoría de los pintores de este país, están
pintando obras tamaño carta y hasta mas pequeñas me atrevo a decir, por estas
razones estamos llamados a reinventar el oficio de pintor, rescatar la
versatilidad que tuvo en otros tiempos, donde el artista asumía obras por
encargo sin que esto desmeritara su lenguaje personal y sin perder su dignidad
de artista bajaba de su pedestal para realizar tareas menores como diseños de
vestuarios, escenografías, ilustraciones, afiches, emblemas, logotipos y otras
actividades que emparentaban al artista con los miembros de la comunidad.
No cabe duda que el maestro Dudamel
reinventó la imagen del director de orquesta, ahora el director sonríe, viste
con los colores de la bandera, puede interpretar a Mozart y a Simon Díaz con la
misma calidad, ya los músicos no están estáticos, también bailan y ya no están
obligados a venir de hogares pudientes, pueden ser clase media o venir de la
pobreza, esta es la bandera cultural del estado venezolano y como tal estos
músicos han recibido todos los privilegios. Ante esta situación que hemos hecho
los pintores; nada, ni siquiera hemos reflexionado, seguimos repitiendo los
mismos hábitos de ermitaños, solitarios a ultranza e individualistas. El
momento histórico se llama trabajo comunal pero lamentablemente no lo hemos
entendido.
En la ultima década el país cambió,
lo único que se mantiene refractario son los críticos de arte, las mismas
personas que durante cincuenta años se han dedicado a evaluar la obra de los
artistas. Es preferible pelear con el presidente de la republica y no caerle
mal a uno de estos señores, esta secta
culta, blindada y sacrosanta es capaz de hacerte añicos o elevarte, los
pintores somos piezas de ajedrez entre sus manos, frente a ellos es mejor no saber
hablar.
Los pintores llegamos a la
universidad con problemas de lectura y de escritura graves y así mismo nos
graduamos, hacemos una tesis que no tiene ni pie ni cabeza, pero otro pintor nos
evalúa y así superamos el trance.
Pasamos por la universidad pero estamos incapacitados para reflexionar sobre
cualquier cosa, inclusive nuestra propia obra, o la de los colegas, por eso
peregrinamos como mendigos detrás de algún intelectual para que escriba algo en
el catalogo de la exposición.
Todavía no sabemos que es un pintor con
nivel universitario, porque actuamos igual a los que fueron solo a la escuela
de arte, es decir somos torpes expresándonos oralmente y no estamos dispuestos
ni a leer, ni a escribir una cuartilla. Por eso no hay pintores que sean
dirigentes comunales, no, nos interesa ni la política, ni la filosofía, ni la sociología,
creemos ser personajes elegidos por la providencia y nuestro oficio está por
encima del bien y el mal, craso error porque en México el pintor Francisco
Toledo es el alcalde espiritual de la bella ciudad de Oaxaca.
Los concursos de arte otorgan premios
cuyos montos son para sentarse a llorar, el máximo evento, el Salón Arturo
Michelena otorga un premio de 30.000 Bs.f., esa cantidad es la que necesita un
artista para hacer una obra de gran formato y pagar el flete de envío al
evento. Esa cantidad no puede interpretarse como un premio, sino como una
compra simbólica, porque al fin de cuenta lo valioso aquí es el diploma. Hace
veinticinco años el ganador de este premio con el monto podía irse tres meses a
Europa, en la actualidad estos premios deberían incrementarse como ha sucedido
con los premios de literatura, “Rómulo
Gallegos” y “Víctor Valera Mora”, que ascienden a 100.000 Euros y 100.000 Dólares
respectivamente por ganador y el jurado esta conformado por extranjeros, así
evitamos los vicios.
Ser pintor y vivir en el interior del
país es algo que se paga caro, puesto que en Caracas es donde se cocinan las
oportunidades, somos un país escindido, Caracas se lo traga todo.
A comienzos del siglo XX, el
arquitecto que diseñó el Teatro Baralt llamó a un pintor para que resolviera el
techo, ahora en el siglo XXI. Todos los días se diseñan edificios, pero ningún
arquitecto convoca a un artista, esto se debe a que recibieron una enseñanza
donde el conocimiento es una parcela, hemos retrocedido.
Los comerciantes de arte modelaron el
gusto visual de los venezolanos, para vender un cuadro hay que pintar con
colores dulzones, un pintor de obras oscuras como Rembrandt se las hubiera
visto muy mal por aquí.
Los concursos de arte cumplen una
función: mantener en pugna y separados a los artistas, el ganador del premio
casi siempre se gana la enemistad de sus colegas, puesto que ellos creen que el
otro les arrebató el triunfo.
He dado batazos tan buenos como los
de mi paisano Maglio Ordoñez, pero como los gringos en la época de Gómez nos
enseñaron a jugar béisbol y no ha pintar a veces mis jonrones pasan
desapercibidos, pero en otras gradas lejanas aún siguen aplaudiendo: en Turquía
por ejemplo.
domingo, 8 de abril de 2012
JOSE LAURENCIO PEREZ; UN ESPIRITU RENACENTISTA
Este pintor sentía una gran predilección
por el paisaje, lo resolvía con una síntesis a base de manchas, una vez no
tenia lienzo y se quitó la franela blanca que usaba y la tensó sobre un
bastidor, luego la humedeció y con violetas y naranjas pinto un paisaje como en
diez minutos, todos quedamos como atontados, después queríamos robarnos el
cuadro.
José Laurencio siempre fue un
luchador social, militante de izquierda por herencia, era hijo de un poeta
pregonero fundador del partido comunista en Acarigua. El tecnológico de Coro y
toda esa efervescencia juvenil de izquierda, a finales de los setenta le permitió
realizar trabajos de campo en la
barriadas mas populosas de Coro, las residencias donde vivió siempre aparecían
en las fichas de la DISIP y más de una
vez los visitaron a medianoche, por supuesto.
Un día de 1979 combinó su acción social con la pintura de paisajes
y recorrió todas las aulas de la vieja
escuela de artes, con Alirio Sánchez planteando la creación de un grupo de
pintores al aire libre, a fin de reunirse todos los domingos en la plaza San
Clemente. Pérez propuso la posibilidad de que esta plaza a futuro se
convirtiera en algo parecido al “San German de los Prados” de los pintores
parisinos. Entonces de manera temerosa levante la mano y aparecí con mis
pinceles en la plaza el domingo indicado, tomamos café y arrancamos a pintar,
recuerdo que allí estaban José Laurencio, Romer Reyes, Fernando Molina, Alirio Sánchez,
Olimpo Galicia, José Luis Molina y Domingo Martínez animando la velada con su
guitarra, pero la felicidad nos duro poco, un personaje emblemático de la
corianidad llamado Rafael Sánchez, historiador, músico y comerciante de
artesanías, se sintió ofendido al ver aquella pandilla de jóvenes pintando alrededor de la cruz de
San Clemente, nos pidió que nos retiráramos, puesto que nuestra acción era una
blasfemia contra un símbolo de la cristiandad, José Laurencio Pérez le salió al paso y le dijo de manera muy diplomática
que pintar en la plaza no podía ser ofensa para nadie, pero el historiador
encolerizado nos amenazó diciendo que nos íbamos a arrepentir y dio la espalda retirándose;
para nuestra sorpresa este señor fue a hablar con el Obispo y al rato llegaron
cinco patrullas y como cincuenta policías, en una acción casi de película
norteamericana, José Laurencio los enfrento diciendo que no estábamos
molestando a nadie, los policías insistían en que debíamos montarnos en las
patrullas, pero después de la turbulencia nos retiramos aturdidos y al
siguiente domingo continuamos pintando en la plaza todos los fines de semana
durante unos dos años consecutivos.
El poeta Ramiro Fuguet presenció
el percance con los policías y escribió un artículo en defensa del “grupo
Tejas”, uno de nosotros había dicho que aguantábamos más sol que una teja y así
nos quedamos. Luego el locutor y ceramista Pablo Morales nos dio prestada una
casa en el barrio Pantano Centro y allí creamos el taller libre de arte, donde José
Pérez nos enseño gran parte de lo que sabemos,
no solo lecciones de vida, nos enseñóla importancia del estudio sistemático
en una ciudad donde ningún pintor estudiaba, el valor de la academia y la universalidad, la
importancia de la lectura y el cultivo del espíritu a través de la música, el
diálogo y el viaje como terapia. Los sábados
en la noche tomábamos un autobús hasta Caracas para ver las exposiciones
de los grandes artistas universales, Pérez veía las obras al tiempo que las iba
analizando, nunca se callaba, el discurso lo llevaba en la sangre, era un líder
por naturaleza.
Fue el primero de nosotros en
participar en el salón Arturo Michelena y nunca dejo de animarnos para que
nosotros participáramos. Religiosamente todos los domingos leía el papel
literario del diario el Nacional, cuando lo dirigía el poeta Luis Alberto
Crespo; José laurencio Pérez intelectualmente nos llevaba mucha ventaja, tenía
formación política y había leído a los grandes teóricos del socialismo, podía
pasearse con tranquilidad por la historia, la filosofía, la teoría del arte, la
literatura y la música, recuerdo que escribía testimonios, monólogos y también
cantaba y tocaba el cuatro, la primera canción
que yo toque en la guitarra fue Penélope, de Joan Manuel Serrat, con su ayuda.
José laurencio nos hizo comprender la
importancia de la pintura de Domingo Medina y la manera de analizar una obra de
arte por la conjugación de sus elementos plásticos y no por su discurso
literario. Sabía todo lo que estaba sucediendo en el arte nacional y tenía
información sobre los artistas internacionales más importantes.
Su aspecto era de hippie a
destiempo, usaba barba y pelo largo, la camisa por fuera y un mapire de cocuiza que cargaba atestado de libros; un
día de mis catorce años me dijo: “LEE
ESTE” Notas Sobre Arte, Cultura y
Periodismo de HEGEL. Cuando la artista
uruguaya DOVAT DE MORQUIO se instalo en la cuidad de coro, para
que su esposo fundara la Facultad de Medicina de la Universidad Francisco de
Miranda; inmediatamente estableció una empatía con José Laurencio Pérez, ella había
sido alumna del pintor y teórico uruguayo Joaquín Torres García y le regaló a Pérez
el libro fundamental de Torres,
“Universalidad Constructivista”; al mismo tiempo que le enseño a elaborar el compás
de medidas áureas que usaban los
antiguos griegos. José Laurencio quedo como imantado con esos objetos y leyó el libro
varias veces y nos enseñó a usar el compás; dijo con
solemnidad que había una dimensión
sagrada de la geometría y que las
culturas aborígenes del nuevo mundo la habían desarrollado; de golpe se
convirtió en un pintor geométrico, decía que pintar era un asunto de construcción,
en sus composiciones lo mas importante era la estructura, un discurso riguroso
basado en un ordenamiento de planos sucesivos y texturados. Lanzó por la borda
todas las lecciones que nos había dado sobre el dibujo y la pintura lúdica y
olvido por completo toda la
espontaneidad casi gestual que poseía
para representar la anatomía humana.
Años atrás mientras pintábamos
en la plaza, José Laurencio abordo un paisaje paraguanero que titulo: “La Alambrada”,
pero al final dijo “…esta composición
esta muy vacía…”, entonces de las nubes
saco de forma rápida e insinuada el rostro del filosofo Alemán Carlos Marx, ese
fue unos de sus celebres cuadros figurativos, junto a sus esculturas La Flaca y
La Turista que le dieron notoriedad en la escuela de artes de Coro allá por el
año 1979.
Obsesionado por el arte geométrico
un día dijo que se marchaba a Maracaibo a estudiar arquitectura, “Quiero ser
como Miguel Ángel, pintor, poeta, dibujante, escultor y arquitecto”, y se fue a
las facultad de arquitectura de la Universidad del Zulia, allí se convirtió en
uno de los estudiantes más brillantes, la comunidad marabina lo llamaba
cariñosamente el “CHEPEL”. Estudiantes de diversas universidades lo buscaban
para que les dictara lecciones de de arquitectura y urbanismo, había entendido
la sociología y el arte de crear espacios habitables y durante años se dedico a
investigar la historia de la arquitectura moderna y contemporánea.
Un día regreso a Coro y nos convenció a Aliro Sánchez
y a mí, para que buscáramos cupo en la universidad, partimos entonces a
Maracaibo y creamos el Taller de Arte Macondo, José Laurencio se había
convertido en una especie de evangelizador de la geometría, de manera
subliminal la introdujo en la pintura de
Regulo Gutiérrez, Alirio Sánchez, Wilmer Gutiérrez y la mía, quien se
percató de este fenómeno fue el profesor universitario Orlando Chirinos quien nos hizo la observación.
Alirio Sánchez no soportó el calor y
regresó a su propio calor, mientras que
José Laurencio ganó el premio del salón de arte de la Universidad del Zulia y
luego expuso en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo, después recibió el
titulo de arquitecto de manos del rector y extrañamente después de haber
conquistado el ámbito cultural de la ciudad, se marchó sin decir nada a la
ciudad de Acarigua de donde había partido en 1977, allá encontró el amor y
actualmente se dedica a dos de sus grandes pasiones: la docencia y la arquitectura.
José
Laurencio tiene el valor histórico de haber introducido el elemento
intelectual en la pintura falconiana, él reinvento la imagen del pintor, le dio
voz, idea, confrontación, análisis, reflexión, estatura académica, actitud
política y deseos de superación. Gran parte de lo que somos se lo debemos, sus
magistrales lecciones modelaron nuestra obra y nuestra personalidad.
José Gotopo
06-04-2012
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