martes, 15 de mayo de 2012


Alirio Sánchez, un peregrino de la pintura.

Si hay algo difícil en la ciudad de Coro, es averiguar donde vive el pintor Alirio Sánchez, desde que lo conocí en la escuela de artes plásticas a finales de 1979, lo he visto en una eterna mudanza de taller por todos los sectores de Coro y sus caseríos circunvecinos, se puede decir que estamos frente a un pintor en transito, una especie de inmigrante dentro de su propio estado.
         
          Cuando vivía en Barquisimeto desarrolló un gusto por el paisaje pastoril, esa escuela fundada por Rafael Monasterio y continuada por otros paisajistas como Villalón, Requena, Echeverría, y Ramón Chirinos, por mencionar algunos. Alirio Sánchez pintaba paisajes con mucha habilidad, un día me invitó a casa de su familia ubicada en la calle Mapararí cerca del viejo mercado municipal, allí mostró una caja llena de bocetos sobre temas costumbristas, paisajes y personajes populares, me impresionó la cantidad de obras, siempre a sido un pintor prolífico y su obra posee un hilo conductor, los vasos comunicantes que le dan personalidad a su lenguaje visual.

            Durante muchos años fuimos hermanos del alma, yo lo acompañe en la romántica aventura del Grupo Tejas, comenzamos a pintar juntos en la plaza San Clemente donde él hacía gala de su destreza como pintor de paisajes, luego peregrinamos por distintos talleres, prestados, alquilados y hasta una vez invadimos una casa en la calle Aurora donde los jejenes iban matando al pintor José Pérez, la casa tenía muchos años de abandono y los murciélagos colgaban del techo, entonces yo decidí correr a los voladores con fuego, pero se me paso la mano y la casa se incendió, entonces corrieron los vecinos con baldes de agua y nos ayudaron a apagarla. Ese capítulo de nuestras vidas creo que jamás lo olvidaremos, después nos dio por ser promotores culturales y organizamos la retrospectiva del pintor Emilio Peniche y la Primera Feria del Arte y  la Cultura en el Paseo Alameda, luego nos aventuramos por todos los distritos del estado Falcón en la primera campaña muralística registrada en estos predios

          Pretendíamos transformar la sociedad a través del arte y la participación de la comunidad, pero cuando nuestros amigos de lucha e ideales llegaron al poder nos aplicaron el acido de la indiferencia, gracias a Dios el arte sobrevive a los embates del tiempo. Por eso el sigue siendo artista, jamás ha traicionado su vocación de pintor, ser pintor le da sentido a su existencia.

            Los pintores del grupo Tejas casi todos en un momento de nuestras vidas nos dedicamos a otras cosas, el único que nunca se ha apartado se la pintura es Alirio Sánchez, un verdadero sobreviviente del oficio, bien a podido quedarse pintando paisajes dulzones para turistas pero jamás ha dejado de indagar, siempre experimentando porque Alirio asumió la pintura como un  asunto de invención constante así se divorcio del paisaje tradicional y comenzó  ensayar unos guerreros pintados al óleo que lo acercaban al lenguaje figurativo de Alirio Rodríguez, claro está tomando distancia del maestro, luego se dedico por completo a dibujar con creyones prismacolor una figuración antropomorfa casi monstruosa que Alirio Sánchez expuso en la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Zulia, para esa época había fijado su residencia en Maracaibo, en el taller Macondo donde José Pérez le enseñó la importancia del lenguaje geométrico en la composición, entonces comenzó unas de sus series más hermosas y con las cuales ganó muchos premios, se trata de una especie de crucifixiones vegetales transparentadas sobre fondos geométricos, un lenguaje netamente surrealista donde se sintió cómodo por la libertad que se permitía. En esa época pintamos un mural a cuatro manos en la sede de la Escuela de Danza de la Universidad del Zulia, el rector Chinco Ferrer  nos felicitó y nos ofreció cupo en la universidad, pero la desnudez del sol estaba a punta de atormentarlo y emprendió el regreso a otra resolana, la ciudad de Coro donde lo hemos visto hormiguear a la intemperie, siempre cambiando de residencia, perseverando, reafirmándose ante las circunstancias que lo agobian, pero que nada han podido ante su actitud de no dejarse destruir.

            Ya en Coro comenzó a trabajar con una compañía de teatro, haciendo unos enormes decorados pintados a mano que presagiaban la nueva etapa de su pintura, unas meninas redondeadas poéticas y monstruosas, grandes retratos texturados con fondos abstractos y barrocos, fragmentos de bodegones en las esquinas, un preámbulo a su pintura actual que es una fina combinación de pintura y dibujo, grupos de mujeres sacadas de un romántico daguerrotipo, conforman una composición que al primer golpe de vista parece una filigrana como salida de un antiguo taller persa, un harén poético de colores análogos, una caligrafía figurativa cargada de belleza, de unidad y armonía pictórica.

            Alirio Sánchez es una de las figuras más sólidas en las artes plásticas falconianas, ha pagado con sangre el hecho de haber vivido toda su vida en el interior del país, pero esto no le resta para nada importancia a su valiosa obra.




José Gotopo

CHUCHO RUIZ, UN MARXISTA DE LA PINTURA.

           Hablar de la historia de las artes plásticas en el estado Falcón, es mencionar obligatoriamente a Jesús “Chucho” Ruiz, el educador por excelencia, el mismo que dedicó toda la vida a la formación de nuevos creadores en la Escuela de Artes Plásticas Tito Salas. Allí realizó sus primeros estudios bajo la tutela del maestro Domingo Medinas, en la primera promoción junto a Emilio Penique, Julio Camacho y Roberto Chirinos. Desde allí comienza su larga carrera pedagógica, veinticinco años al frente de un aula – taller por donde pasarían pintores y dibujantes de la talla de Nicasio Duno, Adonay  Duque, Romel Reyes, Henry Curiel, Régulo Gutiérrez, Mario Marín, Fernando Molina, Alexis Sánchez, Nelson Ventura, Douglas Rojas, José Luis Molina y Wilmer Gutiérrez entre otros.

                  
                  Yo di mis primeros pasos en este camino bajo su dirección, allá en la vieja escuela de la calle comercio, Chucho era un profesor puntual, con un alto sentido del humor, recuerdo que se burlaba de aquellos pintores que envenenaban sus cuadros con monturas barrocas, doradas y extravagantes, “...no monten sus obras con María Luisa...” nos decía muerto de la risa “…pónganle una que se llame Petra Thielen, Anacleta o Domitila Gutiérrez…”. Algunas veces se asomaba al pasillo y si no veía a nadie, le tocaba los senos a la Venus de Milo y le susurraba al oído, “...Mi amor te tengo olvidada...”.

                  No dejaba de hablar nunca, siempre con doble sentido, una vez me insultó porque me había copiado un cuadro que vi en la portada de una guía telefónica, enfadado me dijo, “…no vuelvas a hacer esa vaina, pinta tus propias cosas, ejercita el dibujo con creyones…”, entonces me fajé a dibujar, pero una cabra de ojos amarillos que estaba criando mi madre, entró al cuarto y se comió mis dibujo, Chucho al escuchar mi historia sonrió a carcajadas y exclamó “…la pintura tiene que servir para algo…”.

                  A mitad de la clase, a eso de las cuatro de la tarde venía un pequeño receso, comprábamos pan con mortadela y comíamos mientras conversábamos, la comida fue su gran pasión, era un sibarita empedernido que prácticamente se suicidó comiendo. En una parranda en el taller del carpintero José Mora sufrió un ataque de hambre y al ver que no había nada que comer, se encaramó en una silla y se comió una bola de graso de chivo que los carpinteros usaban para tonificar los serruchos, más tarde contó que el graso sabía a mortadela. Cuando cumplía año su esposa le compraba dos tortas, una para él y otra para los invitados. Un primero de enero en una parranda de guitarras en mi casa lo vi comerse un pernil el solo con toda la naturalidad del mundo, luego durmió durante tres horas para luego reincorporarse a la parranda. Una vez nos contó que durante su juventud había sido un combatiente durante la guerra de guerrillas al comienzo de la década  de los sesenta, fue atrapado por el ejército y pagó cárcel en coro junto al mítico guerrillero Chema Saher.
          Ambos fueron sometidos a brutales interrogatorios y torturas, una camarada que se encargaba de llevarle la comida diariamente más tarde se convertiría en su esposa, a su hermano lo lanzaron vivo desde un helicóptero, jamás supieron de él.     

                  El gobierno de Rafael Caldera le permitió volver a la vida civil, eso sí, sin jamás abandonar su aptitud de hombre de izquierda, allí fue donde lo conocí en la década del setenta, recuerdo sus lienzos de grandes dimensiones y colores estridentes que me llamaron profundamente la atención, temas fundamentados en el realismo social, en el discurso contestatario y la temática de lo cotidiano, el caso del brutal asesinato del niño Vegas Pérez, la lucha armada contra el gobierno de Betancourt, la guerra de Vietnam, además de temas populares y costumbristas como la señora que plancha, el vendedor de periódicos, el limpiabotas, los buhoneros y su modelo favorito: Dochito el matador de cochinos.

                  Chucho Ruiz nunca fue un pintor complaciente, jamás pintó la zona colonial para congratularse con los mantuanos de Coro o con los turistas que tienen una falsa imagen de la ciudad, nunca “caramelió” su obra para hacerla comercial. Salvaguardando su pintura, se dedicó toda su vida a pintar  vallas publicitarias, era muy diestro pintando letras, símbolos y logotipos, con eso logró mantener a su familia. Siempre asumió la pintura y la docencia como un apostolado y esa aptitud es digna de admirar, una vez pintó a mi padre en su oficio de trovador en una parranda de tangos y milongas, hizo el boceto con un lápiz al vuelo, luego lo trasladó al óleo y tituló la obra “El guitarrista”, esta imagen adorna la sala de la casa de su esposa en la Florida.

                  Cuando llegó la televisión a color duraba horas mirando las comiquitas, decía estar impresionado por el color y la luminosidad de las historietas. En la última etapa de su pintura dio un vuelco hacia lo ecológico, buscando una respuesta a ese enfrentamiento ciego entre el hombre y la naturaleza, hizo una serie de obras que tituló “Árboles sangrantes”, recuerdo particularmente una que era una máquina devorando árboles a capricho, entonces le dije que si no le preocupaba que la obra fuera más literatura que cualquier otra cosa, entonces respondió enfático que toda obra pictórica es forma  más contenido.

                  Nunca se apartó de lo figurativo, fue un pintor de formas concretas, colores saturados y pinceladas gruesas y pastosas, los obreros sus personajes predilectos, se trata de un artista que traduce el discurso marxista a la pintura. El último cuadro que pintó fue un obrero caído del andamio con los ojos brotados en el aire, entonces murmuró: “…es que no hay andamios lo suficientemente fuertes para sostener a los obreros…”.

                  De forma extraña, la obra que le da notoriedad a este pintor, fue una serie de bodegones semi-cubistas que lo convierten en el primer falconiano orientado hacia este tipo de lenguaje universal, allí radica su importancia como creador, sus bodegones se deslastran de toda literatura discursiva para quedarse solamente con la pura plasticidad; una plasticidad que se desnuda en un lenguaje semi-abstracto, poderoso y adelantado para esa época, de allí su incomprensión. Esa obra reclama una nueva revisión desde una óptica histórica que la revalorice.

          De él aprendí el rigor de la composición y el placer de pintar bodegones, lo recuerdo gordo y alegre, caminando ida y vuelta hasta la vieja escuela de artes plásticas, pero este ejercicio físico no le sirvió de mucho, su desordenada forma de comer le produjo un accidente cardiovascular que lo dejó aturdido, Emilio Peniche y yo fuimos a visitarlo a la casa hogar de Cumarebo, donde estaba recluido, esa fue la última vez que lo vi., allí estaba en silla de ruedas, solo y triste como un árbol del desierto, mirando aletargado el azul cobalto de la bahía, el vuelo de los pelícanos y las grandes barcos que cruzan el mar de Las Antillas.

José Gotopo
05-04- 2012

martes, 8 de mayo de 2012

RADIO PANTANO


Pionero de las emisoras comunales en Venezuela


A mi hija Andrea Quetzalí, nenúfar iridiscente en el agua de mi corazón

“En cada barrio hay,
por lo menos un loco
en cada loco hay,
por lo menos un sueño
en cada sueño hay,
por lo menos un drama
fiel al loco que le dio la eternidad”

Rubén Blades


          Todavía no terminaban de ponerme la camisa blanca cuando mi madre me dijo: “esa señora que esta en la puerta va a ser tu madrina, así que te vas con ella hasta la catedral, allí te van a bautizar”.  La señora me tomó del brazo y nos fuimos caminando hasta la zona histórica de esa ciudad solar que llaman Coro, cuando pasamos frente al liceo Cecilio Acosta vi venir por la calle Ampies a un hombre diminuto, barbado y canoso, con una carretilla de madera y una jauría de perros mansos que lo seguían, enseguida le pregunte a María Capielo, ¿Quién es aquel extraño personaje? Ella sonriendo me respondió. “ahora si pues, no me digás que no conocés a radio pantano”.

           Mas tarde me entere que ese personaje mítico de la corianidad se llamaba Carlos Eugenio Ugarte, hijo natural de Otilia Ugarte, de su padre nunca se supo nada, muchos afirman que nació en Cabure de donde lo trajeron muy pequeño, otros dicen que nació en Coro, en la misma casa del barrio el pantano donde se crió, en la calle Miranda entre Riera y ese camellón de tierra donde vivían esos músicos geniales; los hermanos Palencia del grupo Duvisí, tan geniales que terminaron otorgándole nombre a la calle.


          El barrio “el Pantano” es una de las zonas mas populosas de la ciudad de Coro, a comienzos del siglo XX era un suburbio pantanoso, una ciénaga donde desembocan unas quince quebradas que atravesaban la ciudad de Coro y creaban un río de aguas limpias que succionaban los medanos y a su paso dejaban grandes lagunas en donde los lugareños solían ir de pesca o de cacería. Se presume que estas quebradas eran fuentes naturales de riego para los indios caquetíos que habitaron esta zona y tal vez está sea una de las razones para el posterior asentamiento de los españoles.


          Los conquistadores habían aprendido el arte de canalizar el agua en la lección de los moros del sur, por eso canalizaron el río Coro a la altura de Caujarao y por un canal de ladrillos bajaron el agua hasta varios puntos del centro de la ciudad, donde la gente disponía de agua fresca y limpia para usos domésticos.

          Para aquel entonces la ciudad era una arboleda con mejor clima, gracias a la presencia del agua canalizada. Este acueducto desembocaba en esa ciénaga movediza en la zona norte, que poco a poco se fue endureciendo.  Como es de suponer estos terrenos presentaban dificultad para ser habitados, no obstante la gente de bajos recursos, sobre todo criadores de chivos y pescadores de la zona occidental del estado llegaron a Coro con la esperanza de mejorar su nivel de vida y fundaron este barrio que fue dejando de ser pantanoso a medida que algunos aspectos de la modernidad fueron llegando a la ciudad, cabe mencionar la red de cloacas y la represa El Isiro que nos trajo agua potable por tubería y permitió que los hacendados se adueñaran   del acueducto diseñado por los españoles y mejorado por el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. El canal de agua fría donde mi hermano Cruz y yo solíamos bañarnos fue truncado y solo llegaba hasta la huerta de mangos de Chichito Pulido, bordeando todas esas haciendas que enmarcaban el camino hacia el Río La Peñita, donde los estudiantes del Liceo Esteban Smith Monzón nos bañábamos cuando esta ciudad aún conservaba muchos encantos de la ruralidad. Con el agua por tuberías también llego la desaparición de los grandes bosques que alguna vez tuvo la ciudad de Coro, nombraré algunos El Bosque de la quinta el Palmar, El Bosque del Parque Los Orumos, El Bosque de la Sede del Ministerio del Ambiente, detrás de la residencia del gobernador, El Bosque de la Sede del INOS, en la calle Cuba del barrio San Bosco, El Bosque de la Calle Democracia Arriba, frente a la casa de Monche Martínez, El Bosque detrás del taller de Chucho Borregales, en el barrio Bobare y la Arboleda de Petra Gudiño donde solía bañarme en sus aljibes antes de que construyeran la urbanización Los Antonios. Todos estos bosques fueron muriendo lentamente como una migración de elefantes en el desierto.

          Aunado a eso las quebradas fueron recubiertas con concreto y el agua se hizo tan mezquina en sus causes que solo aparece cuando llueve a cantaros. De este modo la tierra se endureció, y los habitantes del barrio “El Pantano” comenzaron a forjar su destino en una ciudad que no fue nada fácil de conquistar, no solo por los problemas geodésicos, sino también por el orden jerárquico del mantuanismo coriano que siempre los vio como campesinos del suburbio,   ajenos al trazado cuadricular de la conquista.

          Lentamente la gente del barrio se integró a la dinámica de la ciudad y ha sido vanguardia en diversos géneros del conocimiento, cabe mencionar: La Música y el deporte. Un hermano de mi abuela, el músico Gilberto Riera compuso la canción El Pantanero, que es un himno para los lugareños. El trovador Asunción Riera a quien mi padre llamaba el sobrino, cantaba esta canción acompañado de su cuatro con una gracia y un ritmo único y si queremos mencionar a dos pantaneros universales, basta nombrar al guitarrista Yamil Marrufo y al pintor Adonay Duque.

          Pero le prometí a mi hija Andrea Quetzali hablarle de Radio Pantano y siento que me estoy dispersando; bueno hija Radio Pantano nunca fue a la escuela pero aprendió a leer y escribir de manera autodidacta, aprendizaje que mas tarde lo catapultaría a convertirse en un notable poeta. Su primer oficio fue la panadería, donde demostró habilidades de escultor, haciendo figuras con la harina que luego horneaba, para complacer a los clientes que solicitaban panes con formas tridimensionales reconocidas. Desde muy joven trabajo en la panadería de los hermanos Pelayo en la calle Colina, donde comenzó  a fluir su veta de artista, siempre inconforme con la vida cotidiana, pero su verdadera pasión fue la literatura, lector voraz, escritor de versos y declamador repentista. Pronto ganó popularidad entre los habitantes de la comarca, quienes lo reclamaban para que escribiera por encargo los obituarios, oficio que le permitió dejar la panadería y dedicarse por completo a la bohemia. De golpe el licor lo iluminó y en un acto de irreverencia apareció públicamente convertido en una especie de locutor – juglar que con una originalidad telúrica va narrando los acontecimientos más importantes de la ciudad.
          Con tablas irregulares y una rueda de metal construyo una larga carretilla a la que llamaba “La unidad Móvil”, acompañado de su entrañable perra “Ñeña”, a su teatralidad le fue incorporando diversos canes hasta llegar a la suma de 17 perros al final de su vida.

           Radio Pantano presumía ser la única emisora que trabajaba sin electricidad, en un momento de la historia nacional donde nadie soñaba con las emisoras comunales y las pocas que existían pertenecían a las familias pudientes, empresarios y terratenientes que utilizaban los medios de comunicación para acceder o manipular el poder político y económico.

           Para Carlos Eugenio Ugarte ser Radio Pantano era su razón de vida, su locura, su poética y su obsesión, el se mantenía de lo poco que le daba la gente por limpiar solares y botar basura en la unidad móvil, a pleno sol se plantaba frente a un negocio y con voz de locutor la cual variaba según la ingesta de alcohol decía: “…Bodega Las Cuatro Esquinas, atendida por su propio dueño, Heriberto Soto, víveres al mayor y al detal, pescado fresco, queso churuguarero, gallinas criollas, conservas de coco aguaditas, mecates para amarrar barcos y para los fracasados en el amor y un kerosene que da una luz azulita por Dios de mi madre…”, al terminar la publicidad le decía a Heriberto “recuerda que la unidad móvil no trabaja sin gasolina” y el bodeguero le daba unas monedas y seguía su faena, cantaba una canción y decía el nombre del autor o del cantante que la popularizó, luego recitaba un poema porque desde los controles le indicaban que era la hora cultural, entonces declamaba Angelitos Negros, Verdades Amargas o Desiderata, luego miraba el sol y decía la hora:  “…en Radio Pantano son cinco para las tres de la tarde, tilín…”. La programación la iniciaba a las siete de la mañana con el noticiero; una vez informo que un grupo de esbirros durante el gobierno de Pérez Jiménez había allanado varias casas y apresado a varios estudiantes en la cárcel de Coro, donde estaban siendo sometidos a crueles torturas por no querer delatar  a sus compañeros. Al terminar la información, Radio Pantano se percato que un esbirro de la Seguridad Nacional lo había escuchado y lo estaba mirando, entonces con rapidez dijo: “Tilín, esta emisora no se hace responsable por los conceptos emitidos por sus colaboradores”.

          Cuando lo doblegaba el cansancio, después de recorrer tanta resolana, se acostaba a dormir en cualquier acera a la sombra de su carretilla. Luego se levantaba, compraba un cuartito de ron, rescataba a su amigo del alma, Narciso Sánchez, mejor conocido como “Chicho el loco” bohemio y vendedor de billetes de lotería, tenia el pelo y la barba roja, la piel tostada por el sol del caribe, se parecía al pintor holandés  Vincent Van Gogh, y usaba una gorra de marinero roída y desteñida   por el sol. Ambos compartían la misma novia, una anciana flaquita que llamaban la aguja, se la llevaban para un banco de la Plaza San Clemente y allí la besaban y le metían mano a destajo. Yo los veía porque me la pasaba pintando  la zona colonial, Chicho el loco siempre andaba con un cuatro desafinado, tenía el complejo de músico y un día la lotería cayó en Coro y el cliente ganador le regaló un dinero, “Bingo”, Chicho Salió corriendo para la Casa Japonesa, cuya sede estaba en la calle Bolívar con Churuguara antes de quedar echa una conserva por el fuego y allí compró una guitarra china anaranjada, luego fue a la licorería por una botella de ron de dos litros y se instalo en un banco de la Plaza San Clemente a darle manazos a la guitarra improvisando versos a la ciudad de Coro, allí estuvo todo el día en trance, poseído por un extraño demonio que lo colmo de alegría.


          Una vez Amador Bendayán  hizo Sábado Sensacional en Coro y promocionó un contrapunteo entre Radio Pantano y Chicho el loco, les ofreció dinero para que no tomaran licor y no dijeran vulgaridades, entonces llego la hora de la filmación y comenzaron bien, los dos se decían palabras con doble sentido pero Chicho el loco al ver que Radio Pantano le iba ganando la partida le dijo: “Si me seguís envainando te voy a dar una puñalada en el celebro”. Como era de esperarse Amador detuvo la filmación.

          Durante la década de los setenta radio Pantano se mudó a la calle 2  del barrio San Bosco, no se le conoció hijos, aunque las malas lenguas decían que Marta La Negra había tenido un hijo con él, su amor platónico fue Pastora Jordan la hermana de Pepe Lupe a quien no se cansaba de dedicarle poemas y canciones. Radio siempre vivió en piezas alquiladas y al final de su vida invadió un terreno al margen de los medanos en un sector llamado “Los Pozones”, allí construyó un rancho, frente a la laguna de Los Orumos pero se quejaba, decía que en ese lugar llegaba poca señal y eso no era bueno para su emisora. Intentó cambiarle el nombre a la radio pero le fue imposible, hasta los cujíes lo conocían como Radio Pantano.

          Cuando la muerte lo sorprendió, apenas contaba con setenta años, pero aparentaba mucho más por el estilo de vida que había llevado, un infarto le borró la señal mientras dormía, días después lo encontraron fuera del dial, los perros jamás se apartaron de él, dicen que su cuaderno de poesía quedo en manos  del poeta Gregorio Meléndez, sería interesante revisar ese manuscrito.

          Un día pasó por Coro Renny Ottolina y entrevistó a Chicho, la ultima pregunta fue ¿Quién es mejor Radio Pantano o tu?, Chicho trago grueso se pasó la mano por su cabellera rojiza y su barba canosa, luego miró el cielo como buscando respuesta, bajó la mirada, miró a Renny  y  enfático respondió “Radio Pantano es mejor que yo, porque el es poeta y yo apenas soy músico”

 José Gotopo
                                                                                                                              Maracaibo, 27/02/2012  
  Fuente fotográfica:  http://hernan-blanco.blogspot.com/2010/09/san-bosco.html                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

REFLEXIONES PARA CELEBRAR EL DIA DEL ARTISTA PLASTICO


José Gotopo -  2012 

En los últimos diez años los actores del mundo político nacional cambiaron, nosotros los pintores por apáticos, prepotentes y ermitaños nos quedamos fuera de la jugada, en la Asamblea Nacional no hay nadie que levante la mano por la pintura y paradójicamente el presidente de la república es un pintor amateur. Hemos pasado de una exclusión a otra, antes porque éramos de izquierda, ahora porque somos una elite y no pintamos como ingenuos o primitivos. Si hay algo que no se perdona es que una persona venida de la pobreza haya triunfado en la cuarta república, porque su triunfo echa por tierra una falsa filosofía donde ser pobre es un valor en si mismo, si un pobre venció a la pobreza y se catapultó por encima de los obstáculos, se convierte en un estorbo, alguien que desmiente la oralidad de la teoría.

          Ese concepto de que el pintor no debe inmiscuirse en política, es una treta para mantenerlo en silencio, hemos pagado bien caro ese aislamiento

           A los pintores las instituciones nos llaman para exponer en una exposición colectiva en el marco de la celebración del aniversario de la institución y en ultima instancia para ser condecorado con un botón de honor el día del artista plástico, ese día nos meten en un saco a todos a “Tirios y Troyanos”  y de esa verbena salimos contentos porque nos encanta una condecoración. A veces uno lee el currículo de algún celebre pintor venezolano y queda exhausto con el numero de condecoraciones que ha recibido. A los burócratas grises les encanta cerrar su gestión condecorando a todos los artistas, y nosotros salimos corriendo a recibir la condecoración.

          En 1970 el pintor catalán Antoni Tapies dijo que los museos eran las catedrales del futuro y creo que se equivocó porque a las catedrales va mucha gente, sean fieles o turistas y a los museos en Venezuela aunque son gratis no va casi nadie, los museos de Venezuela tienen de todo, excelentes salas, colecciones, sabios en la materia, lo único que les falta es público, a pesar de que el gobierno revolucionario lucha a brazo partido contra el capitalismo, los venezolanos suelen reunirse en los centros comerciales, así que no esta demás que los pintores pensáramos en la posibilidad de exponer a futuro en los centros comerciales, ya que los museos perdieron el poder de convocatoria y no se sabe a ciencia cierta cual es su política, hacia donde están orientados. Particularmente creo que estos lugares dirigidos por una casta sacrosanta deben dejar de un lado la exclusivista tarea de sacralizar la obra de arte y orientarse hacia una labor mucho más pedagógica, de desmitificación e inclusión donde los niños sean los protagonistas, a fin de garantizarnos a futuro una generación de venezolanos sensibilizados con el arte, desprejuiciar el museo que conocemos, donde no se habla, no se toca, no se come, donde los niños no pueden correr, ni  jugar y donde las inauguraciones parecen fiestas de un club privado. Aspiramos un museo  donde el hombre de la calle pueda confrontarse con la obra de los grandes artistas universales, también con los cultores populares que le dan sentido de pertenencia e identidad a su comunidad.

          Durante años de educación exclusivista se le hizo creer al hombre de la calle que los museos eran lugares para un elite y la gente interiorizó esa información, y aún no hemos podido derribar ese prejuicio, cuando los obreros asistan con naturalidad a un museo será porque se ha iniciado una verdadera democratización de la cultura.
  Los artista que habitamos en el interior del país creímos que con la salida de la señora Sofía Imber del monopolio de la Red de Museos de Venezuela, cesarían las trabas burocráticas que impiden la posibilidad de que nosotros podamos exponer en los museos de Caracas, lamentablemente las trabas burocráticas persisten y los museos de la capital no están interesados en lo que nosotros hacemos, mucho menos podemos esperar que aparezca  alguna institución que promueva la obra de los artistas regionales en el exterior, cada quien debe asumir su proyección como un asunto personal, a diferencia de la política cultural cubana, que con menos dinero sus artistas han llegado mas lejos, eso indica que es un asunto de gerencia mas que de recursos.

           Para exponer en alguna embajada o consulado de Venezuela en el mundo hay que ser amigo intimo del embajador o del cónsul, es decir por lo menos haber  jugado metras con él, de lo contrario te puede suceder como a mi que los cónsules de Nueva York y Paris me ofrecieron sus salas de exposiciones, siempre y cuando me costeara mi boleto y mi estadía en esa ciudades.  Acaso los agregados culturales de las embajadas están imposibilitados a establecer  un tipo de enlace con el Departamento de Asuntos Internacionales del IARTES, a fin de que los artistas invitados a proyectar la cultura de Venezuela en el mundo no naufraguen por falta de recursos.

          Cada vez que conozco algún agregado cultural de la revolución, recuerdo al pintor falconiano Olimpio Galicia Gómez, poeta, cuentista, editor, promotor cultural, eterno militante de izquierda, técnico en construcción civil, ingeniero, luchador social, docente universitario, posee todas las credenciales para cumplir a cabalidad las funciones de un agregado cultural, pero tiene varios elementos en su contra, no tiene ningún padrino en el partido y lo peor no vive en Caracas, santuario nacional donde se cocinan todos los cargos. Los artistas que militamos toda la vida en la izquierda esperábamos ser llamados a trabajar en función de la construcción del país que todos soñamos, pero los oportunistas y su clan de disfrazados nos ganaron la partida, paradójicamente otra vez nos excluyeron y tal vez existan razones; cuando el presidente Chávez hizo el primer llamado para la constitución de la Asamblea Nacional, se postularon y ganaron su derecho a voto escritores, cineastas, cantantes de música venezolana, promotores culturales, mucha gente ligada a la cultura, menos los pintores, siempre considerándonos por encima del bien y el mal, elegidos de Dios en nuestra arrogancia, apáticos hacia el mundo de la política, alérgicos a cualquier tipo de trabajo comunitario, históricamente incapaces de organizarnos, deberíamos recibir clases de los pescadores y de los buhoneros, eso si, siempre dispuestos a la bohemia para luego hacer talco a nuestros colegas, con comentarios lapidarios.

          Tampoco podemos echarle toda la culpa al gobierno, porque el primer Ministro de Cultura que designo el presidente Chávez fue el pintor Manuel Espinoza, quien no hizo ni la cuarta parte de la gestión que ha realizado el maestro José Antonio Abreu a favor del Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, que se han convertido en el símbolo de la cultura gubernamental, cuestión que hay que admirarle al maestro Abreu, puesto que recibió todo el apoyo del Dr. Luis Herrera Campins y luego fue Ministro del Bachiller Carlos Andrés Pérez y ahora es un símbolo de este gobierno, su alumno Dudamel es la punta de lanza de todo el sistema, un artista genial sin duda alguna, ojala los gerentes de la cultura comprendan que nos es el único, puesto que el país esta colmado de valores humanos trascendentales

          A estas alturas nadie recuerda al pintor Manuel Espinoza, ni nada que haya hecho favor del crecimiento de la actividad pictórica en nuestro país, da la impresión  que la pintura va de ultima y con la lengua afuera, hemos visto con buenos ojos como el gobierno a repotenciado al cine nacional, también hemos aplaudido las miles de nuevas publicaciones, editadas por las imprentas del gobierno, entusiasmados hemos asistido a los festivales nacionales de teatro y poesía, pero que pasa con la pintura, será que siguen viéndonos como una elite de constructores de objetos lujosos destinados a decorar las casas de los ricos, es bueno que el gobierno se entere que el 90% de las galerías comerciales dirigidas por empresarios pudientes cerraron sus puertas y abrieron en otros países, la mayoría de los pintores de este país, están pintando obras tamaño carta y hasta mas pequeñas me atrevo a decir, por estas razones estamos llamados a reinventar el oficio de pintor, rescatar la versatilidad que tuvo en otros tiempos, donde el artista asumía obras por encargo sin que esto desmeritara su lenguaje personal y sin perder su dignidad de artista bajaba de su pedestal para realizar tareas menores como diseños de vestuarios, escenografías, ilustraciones, afiches, emblemas, logotipos y otras actividades que emparentaban al artista con los miembros de la comunidad. 

         No cabe duda que el maestro Dudamel reinventó la imagen del director de orquesta, ahora el director sonríe, viste con los colores de la bandera, puede interpretar a Mozart y a Simon Díaz con la misma calidad, ya los músicos no están estáticos, también bailan y ya no están obligados a venir de hogares pudientes, pueden ser clase media o venir de la pobreza, esta es la bandera cultural del estado venezolano y como tal estos músicos han recibido todos los privilegios. Ante esta situación que hemos hecho los pintores; nada, ni siquiera hemos reflexionado, seguimos repitiendo los mismos hábitos de ermitaños, solitarios a ultranza e individualistas. El momento histórico se llama trabajo comunal pero lamentablemente no lo hemos entendido.

           En la ultima década el país cambió, lo único que se mantiene refractario son los críticos de arte, las mismas personas que durante cincuenta años se han dedicado a evaluar la obra de los artistas. Es preferible pelear con el presidente de la republica y no caerle mal a uno de estos señores, esta  secta culta, blindada y sacrosanta es capaz de hacerte añicos o elevarte, los pintores somos piezas de ajedrez entre sus manos, frente a ellos es mejor no saber hablar.

          Los pintores llegamos a la universidad con problemas de lectura y de escritura graves y así mismo nos graduamos, hacemos una tesis que no tiene ni pie ni cabeza, pero otro pintor nos evalúa y así  superamos el trance. Pasamos por la universidad pero estamos incapacitados para reflexionar sobre cualquier cosa, inclusive nuestra propia obra, o la de los colegas, por eso peregrinamos como mendigos detrás de algún intelectual para que escriba algo en el catalogo de la exposición.


          Todavía no sabemos que es un pintor con nivel universitario, porque actuamos igual a los que fueron solo a la escuela de arte, es decir somos torpes expresándonos oralmente y no estamos dispuestos ni a leer, ni a escribir una cuartilla. Por eso no hay pintores que sean dirigentes comunales, no, nos interesa ni la política, ni la filosofía, ni la sociología, creemos ser personajes elegidos por la providencia y nuestro oficio está por encima del bien y el mal, craso error porque en México el pintor Francisco Toledo es el alcalde espiritual de la bella ciudad de Oaxaca.

          Los concursos de arte otorgan premios cuyos montos son para sentarse a llorar, el máximo evento, el Salón Arturo Michelena otorga un premio de 30.000 Bs.f., esa cantidad es la que necesita un artista para hacer una obra de gran formato y pagar el flete de envío al evento. Esa cantidad no puede interpretarse como un premio, sino como una compra simbólica, porque al fin de cuenta lo valioso aquí es el diploma. Hace veinticinco años el ganador de este premio con el monto podía irse tres meses a Europa, en la actualidad estos premios deberían incrementarse como ha sucedido con los premios de literatura,  “Rómulo Gallegos” y “Víctor Valera Mora”, que ascienden a 100.000 Euros y 100.000 Dólares respectivamente por ganador y el jurado esta conformado por extranjeros, así evitamos  los vicios.

          Ser pintor y vivir en el interior del país es algo que se paga caro, puesto que en Caracas es donde se cocinan las oportunidades, somos un país escindido, Caracas se lo traga todo.

          A comienzos del siglo XX, el arquitecto que diseñó el Teatro Baralt llamó a un pintor para que resolviera el techo, ahora en el siglo XXI. Todos los días se diseñan edificios, pero ningún arquitecto convoca a un artista, esto se debe a que recibieron una enseñanza donde el conocimiento es una parcela, hemos retrocedido.

          Los comerciantes de arte modelaron el gusto visual de los venezolanos, para vender un cuadro hay que pintar con colores dulzones, un pintor de obras oscuras como Rembrandt se las hubiera visto muy mal por aquí.

           Los concursos de arte cumplen una función: mantener en pugna y separados a los artistas, el ganador del premio casi siempre se gana la enemistad de sus colegas, puesto que ellos creen que el otro les arrebató el triunfo.

          He dado batazos tan buenos como los de mi paisano Maglio Ordoñez, pero como los gringos en la época de Gómez nos enseñaron a jugar béisbol y no ha pintar a veces mis jonrones pasan desapercibidos, pero en otras gradas lejanas aún siguen aplaudiendo: en Turquía por ejemplo.