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Mostrando entradas de julio, 2015

"Yo soy el cantante"

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“Yo soy el cantante”

Todo sucedió demasiado rápido, mi padre no quería porque mi hermano había muerto como un mendigo en las calles de Brooklyn, entonces resulta que a los dieciséis años abandoné las calles de Puerto Rico para buscar lo que no se me había perdido en la ciudad de Nueva York, allí en el sur del Bronx la zona mas terrible del planeta, conocí a mi más grande amigo del alma, un trombonista de quince años quien ya dirigía su propia orquesta, con la cual probé suerte.
Willi asombrado por mi timbre callejero me sometió a prueba con la orquesta de Jhonny Pacheco, al terminar mi improvisación el quisqueyano, exclamo “eta es la voo eh”, Jerry Masucci creyó que Pacheco había dicho “Lavoe” que es “la voz” en francés, de ahí en adelante dejé de llamarme Héctor Pérez, para convertirme en Héctor Lavoe, la voz más desenfadada de toda la historia de la salsa.
El ensayo bastó para que iniciara la grabación con Willi, éramos unos novatos, las trompetas y los trombones sonaron desafinados pe…

¡Que viva el merengue!

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¡Que viva el merengue!


Comencé a bailar justamente cuando las Estrellas de Fania se fueron en desbandada y la buena música se desparramó por toda Latinoamérica. Quién  no vibró al son de los Generales de la Salsa, tendrá que rendir cuenta ante el tribunal de la alegría, sencillamente porque “Fania All Stars” fue la reivindicación del barrio y la calle, el nacimiento de la música popular urbana, desatando los demonios afrolatinos desde la ciudad de Nueva York. Nuestro continente hablaba con voz propia, la descarga fue tan buena que aun no superamos semejante acontecimiento. Nos duelen los pies y la nostalgia. A estas alturas del incipiente nuevo siglo las Estrellas de Fania son el más digno repertorio de la música clásica caribeña, sus músicos en escena constituyeron una revolución inigualable. Cada uno de ellos desde la convulsionada “Gran Manzana”, saboreó el precio de la fama y la gloria, pero no todos salieron ilesos de aquella fiesta turbulenta, las trampas del reconocimiento, el es…