
A finales de 1999 cuando
ingrese a la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York, ya Luis había salido,
pero todo el mundo me preguntaba por él, había dejado un aura de popularidad
entre alumnos y profesores, creo que como artista y como persona dejó una huella indeleble en esta institución.
Siempre me contaban historias sobre él, dicen que en ocasiones buscaba trabajo
de mesonero en las inauguraciones de las exposiciones y le costaba decir en ingles…
“¿Quieres Vino?”…, entonces decía: “¿Quieres, Quieres?....o Vino, Vino”…
Cuando regresé a Venezuela,
dos de sus compañeros de clases, el artista español José María Cáceres y la
artista colombiana Nathalia Tamayo, me pidieron que por favor le llevara unos
recados, yo se los lleve a su amada ciudad natal San Felipe, esa fue la primera
vez que hablamos, los ojos grandes y expresivos, siempre sonriente, una sonrisa
picara como de niño y el pelo blanco que no iba con la cara. Me dijo que había enfilado
todos los cañones hacia la pedagogía de las artes, cosa rara, porque el trabajo
del educador es el peor pagado de este país, pero él sentía una gran pasión por
el acto de enseñar.
Después de ese encuentro nos
intercambiábamos información y nos comunicábamos por las redes sociales, la
ultima vez me envió una fotografía de él con su hija, hoy me sorprende la
noticia de que se fue a vivir a otro paisaje, que extraño vuelo, pero que se yo
de aeronáutica para venir a cuestionarlo.
José Gotopo
Enero, 11 de 2018