domingo, 9 de junio de 2013

A CABURE NO LLEGAMOS


         

          Los jueves santos en VENEZUELA son para tres tipos de personas, los sedentarios que se quedan en sus casas tragando dulces y viendo películas sobre la vida de CRISTO, los fieles que asisten a las procesiones, misas y otros actos religiosos y los sedientos de aventura que acuden al mar o a los ríos mas cercanos. De este ultimo grupo trata mi crónica.


        Los jóvenes se levantaron temprano con todos sus pertrechos a disponibles, se concentraron en la PLAZA BOLÍVAR, al ver que estaban completos decidieron caminar hasta la salida del pueblo, en donde no les fue nada difícil encontrar un aventón hasta LOS POZOZ EL QUEBRAJACHO y EL TINAJO en el sector LA VEGA, un lugar muy concurrido del rió HUEQUE. Para aquel entonces LAS CATARATAS no habían adquirido el renombre que tienen ahora, allí arribaron felices RICARDO MORA el hijo de OLGA, ROMULO Y DARIO DE POOL, DANIEL Y SAMUEL COLINA, ILDEMAR RODRIGUEZ quien mas tarde seria campeón panamericano en levantamiento de pesas, REGULO, MARITZA Y GLORIA GUANIPA, FRANCISCO LAGUNA, REINALDO MONTERO, SAMUEL COLINA el hijo de la mítica cocinera NANDA, SAMUEL ROMERO, HILARIO “RIÑON”, FRANCISCO COLINA, PEDRO “MARUSA” OLLARVEZ y el gran beisbolista UBER CHIRINOS. 


        Apenas se bajaron de los vehículos, se quitaron los pantalones porque traían los shorts abajo, no había tiempo que perder, uno a uno se fue zambullendo en las heladas aguas del rió que nace en LOS HAITONES muy arriba de la serranía, lo que JUAN RAMÓN llamaba la casa de los duendes. El día transcurrió sin ningún sobresalto, todo fue dicha y ecología, se bañaron, bebieron, nadaron, echaron chistes, mamaron gallo, comieron, hicieron payasadas que al fin de cuentas era el ritual para demostrar la unidad de la pandilla, en ese momento de la vida entendieron que lo mas importante del mundo es sentirse querido por los amigos. Hasta que la sombra de los árboles les indico que la tarde llegaba a su final, a recoger se ha dicho porque tenemos que regresar.


          Cada uno echó su ropa mojada y otros enceres en una bolsa plástica de supermercado y caminaron hasta la orilla de la carretera, allí estuvieron un rato esperando un aventón de regreso hasta que los panas divisaron a lo lejos el CAMIÓN FORD MERCURY ROJO del señor RAUL PINTO, pero cuando ya estaba cerca se percataron que el chófer era su hijo ÁNGEL PINTO quien recién había cumplido 17 años y de paso se había tomado como dos cajas de cerveza en el BAR DE LAS DOS BOCAS. El joven se estaba estrenando en el oficio de chófer de camión y quería hacer alarde de su falsa veteranía, así que cuando vió a los jóvenes a orilla de la carretera freno en seco y les indico a todos que se montaran en la plataforma. Los varones ayudaron a las hembras y luego se montaron ellos, cuando RICARDO MORA se estaba encaramando sonó una bocina detrás del camión, era el FAIRLAND 500 AZUL de su cuñado ALI MADRIZ quien le ordeno se bajara del camión que el lo llevaba hasta CABURE, y así lo hizo.

          ANGEL PINTO arranco el camión 350 a toda velocidad y la pandilla se sujetó a las barandas de estaca, pero lo bueno apenas comenzaba, el joven chófer andaba en trance y creía que estaba corriendo la ultima valida del GRAN PRIX DE LA CARRETERA CORO-CHURUGUARA, el camión se coleaba en todas las curvas y el motor ronroneaba por el exceso de velocidad, a los jóvenes les pareció divertido el asunto y comenzaron a corear y a dar saltos de alegría en la plataforma, al tiempo que gritaban al unísono A CABURE NO LLEGAMOS, A CABURE NO LLEGAMOS, A CABURE NO LLEGAMOS, A CABURE NO LLEGAMOS, y el coro de la turba excitaba al chofer y este aumentaba la velocidad.

          PACHITO VILLASMIL, maestro de escuela, músico y ex-director del colegio NICOLAS CURIEL de CAMPO MARAVEN, presagió la tragedia e intentó pasar el camión para cerrarle el paso con su vehículo, pero no pudo aquello iba como alma que lleva el diablo, y el estribillo que no cesaba A CABURE NO LLEGAMOS, A CABURE NO LLEGAMOS, A CABURE NO LLEGAMOS y en LA CURVA DE LA CANDELARIA, el chofer novato pierde el control del volante, el camión se sale de la carretera y da varias vueltas hasta que se detiene a orillas del barranco, ALI MADRIZ ve la nube de polvo a lo lejos y apura el paso, al llegar al sitio del accidente ve el reguero de muchachos tirados en el piso, y al maestro PACHITO auxiliando a los heridos, ROMULO DE POOL estaba todo tatuado de espinas y con un terrible dolor de cabeza porque GLORIA GUANIPA le había caído sobre el cuello, REINALDO MONTERO perdió el dedo índice de la mano derecha que se le quedo incrustado en la rendija de la baranda, MARITZA GUANIPA quedó sin dientes delanteros debido al impacto, SAMUEL COLINA se lesiono el talón derecho y casi pierde el pie, estuvo seis meses en el hospital de CORO, ILDEMAR RODRIGUEZ siempre haciendo alarde de su musculatura, dijo, …. “a mi no me pasó nada porque tengo fuerza en los brazos y no me solté de la baranda”…, aunque muchos aseguran el no iba en el camión, dicen que el se incluyó entre los pasajeros del camión para inventar su propia mitología.




          A REGULO GUANIPA lo trasladaron inconsciente al ambulatorio de CABURE, pero a la hora murió, apenas tenia doce años y estudiaba sexto grado. A FRANCISCO LAGUNA lo llevaron aturdido y con muchos moretones a la medicatura, allí le decía a los familiares, …“háblenme, tóquenme no estoy seguro de estar vivo”… y el héroe fue DARIO DE POOL que asegura que no padeció golpes ni rasguños ni moretones, que apenas el camión se detuvo en el barranco, el se levanto del suelo, se sacudió las manos y comenzó a atender a los heridos. El centro médico colapso y la ambulancia tuvo que hacer como ocho viajes, el primer viaje anuló el rezo de los fieles que marchaban en la procesión y quedaron atónitos por el ruido de la sirena. Los feligreses ni sospechaban lo que había sucedido, allí estaba rezando frente a la iglesia la señora AURA, sin imaginar que el joven muerto era su sobrino. Esta historia me la contó ella entre lagrimas, una tarde mientras tomábamos café en la casa de LULITA PEREZ, hace 18 años y todavía no se porque no la había escrito antes.


José Gotopo
Maracaibo - 2012