viernes, 30 de agosto de 2013

ENTRE CUMAREBO Y YO HAY ALGO PERSONAL



          Estoy cerca de cumplir los cincuenta años y ahora es cuando vengo a escribir sobre PUERTO CUMAREBO,  de niño me pareció la ciudad mas bella del mundo, íbamos en la camioneta Chevrolet de mi papá a visitar a mi tío Máximo, un mecánico bohemio de la CALLE INDUSTRIA, su casa está en una colina desde donde se pueden ver los viejos tejados de almagre, la torre de la iglesia y lo mas hermoso que he visto en mi vida, el azul cenital del mar de las Antillas. Visitar a mi tío era una aventura de ensueño, podíamos bañarnos en la playa porque todavía la empresa CEMENTOS CARIBE  no la había cegado con sus toneladas de piedra, mi tío tenia una novia a orillas del mar y era amigo de los pescadores que arribaban en sus botes peñeros y nos obsequiaban las delicias de su faena. En su casa de la colina mis hermanos y yo corríamos desaforados por la arboleda, luego nos sentábamos debajo de las gigantescas hojas del árbol sagrado de la fruta del pan, allí comíamos imantados por el encanto de ser niños, las Ciruelas de Huesito, la Caña de Azúcar, el ácido Cerezo, la dulce Chirimoya y para cerrar con broche de oro, LA REFRESCANTE AGUA DEL COCO. Luego visitábamos algunas bodegas del centro donde mi madre compraba conserva de Batata, de Plátano y unos dulces de Fororo llamados GOFIOS, maíz tostado con sabor a gloria, después visitábamos EL CLUB BELLA VISTA donde los adultos tomaban cerveza y yo miraba embelesado el oleaje del mar. Al final contemplábamos la puesta de sol y todo Cumarebo quedaba como envuelto en una bruma violácea, hasta que el sol desaparecía por los lados de Médano Blanco. Ya de noche regresábamos a Coro con la esperanza de que mi madre regresara pronto a Cumarebo a vender los sombreros, dos señores se los compraban, uno vivía en un pueblo de la montaña llamado LA CIENAGA, a quien el poeta Luis Alfonso Bueno escribió unos versos que la describen en su esplendor, COMO UNA FLOR TE VES EN LONTANANZA, AL REGAZO GENTIL DE LA MONTAÑA, EN TU LUZ QUE MIRA EL MAR. La casa del comprador tenia un aire mediterráneo, el azul del mar se metía por las ventanas, y en el patio central con balcones colgaba un parral repleto de jugosos racimos de uva, cuarenta años mas tarde volvería a ver estas imágenes en los países mediterráneos del medio oriente. Mi madre se tranzaba el negocio de la venta de los sombreros con aquel hombre pausado, sigiloso y serio, luego los hijos de este se metieron en serios problemas y los fueron matando a tiros uno por uno, yo asistí con mi madre a los velorios, una vez vi a un hombre en un ataúd cuya cara estaba cruzada por una línea de agujeros de balas de ametralladora, en ese velorio vi por primera vez al mítico cantor de la música falconiana TINO RODRIGUEZ, sin sospechar que mas adelante seriamos amigos, el cantaría para mi y yo dibujaría su elegante retrato sepia.


          El otro comprador era el gerente de la FABRICA DE SOMBREROS ECUADOR, en pleno centro de Cumarebo, allí llegábamos con la camioneta de mi papá atascada de sombreros de palma y un obrero los iba pesando en una vieja romana, luego un barco los trasladaba a Jamaica y República Dominicana, eran sombreros de faena para jornaleros, pero un día la FABRICA DE SOMBREROS ECUADOR ardió en llamas y alguien nos aviso y salimos corriendo para Cumarebo y vimos el indomable fuego saliendo a chorros por las ventanas hasta que la fabrica se convirtió en una cáscara negra, un espacio incinerado, un monumento irrecuperable. Mi madre lloraba a cantaros, mi padre fumaba como un preso que presiente su condena, pero ya mis hermanas eran adultas y comenzaban a trabajar, así que mi madre cerró el capitulo de los sombreros y le remató las doce maquinas de coser  a un árabe tacaño de la calle bolívar, treinta años después yo reviviría este capitulo cuando vi la película italiana CINEMA PARADISO, todo lo que puede representar una edificación para una familia, creo que fuimos a la escuela gracias a los sombreros que hacia mi madre y a la receptividad brindada por LA FABRICA DE SOMBREROS ECUADOR, cada vez que paso frente a sus ruinas me persigue el fantasma de la nostalgia. Pero Cumarebo es algo mas que eso, es besar a una muchacha a la sombra de un uvero de playa, es tomarse una cerveza contemplando la bahía, es comerse un MAMEY a las cuatro de la tarde con un murmullo de tortolitas, CUMAREBO son las voces y las guitarras de los versátiles trovadores FAY y MINCHE BLANCO y el inmortal PACHE VARGAS con su canción convertida en himno, QUE LINDO ES VIAJAR A CUMAREBO. Todos estos trovadores cuando iban a CORO con mi tío MAXIMO tomaban café en mi casa, agradezco a dios por este lujo de cardenales pontificios. En CUMAREBO nació mi padre JUAN PABLO BELEN FANEITE QUIÑONES CASTILLO SEFEREN, mecánico, bohemio, y cantor de tangos, de el herede el gusto por la trova y el oficio de serenatero. También puedo decir que fui el primer pintor en retratar a Pache Vargas y el primero en ganar el premio del salón de arte CEMENTOS CARIBE, el día de la premiación conocí a mi amigo del alma al medico Ricardo Mora, a Roger Molina, a Franco Sisirelli, a Florentino y Anita camarillo, a Mario Perales, al concertista de cuatro y docente Amador Mussett. Una vez fui con la escultora Lía Bermúdez a buscar las famosas piedras de Cumarebo mucho antes de que se convirtieran en souvenirs para las repisas de los turistas, en la playa de Barranquita una marea de resaca casi ahoga a toda mi familia habían desobedecido los presagios de mi madre y en la playa de SANTA ROSA conocí a Laura Lucia una flaquita linda de SAN PEDRO aficionada a los caballos de paso y estudiante de literatura, en QUEBRADA DE HUTEM mi abuelo ADOLFO fue atacado por el demonio y ebrio de vida cayo al fondo y se fracturo dos costillas, también recuerdo el asombro de mi hija ANDREA, cuando el primo MONCHE ordeñaba sus cabras debajo de una Retama entre el medano y el oleaje.

Por eso digo que entre Cumarebo y yo hay algo personal, por eso tomare mi caballete con mis pinturas y me instalare un domingo temprano en la plaza bolívar a pintar una vista panorámica del pueblo con su sed de mar, con su anhelo de montaña, una calle en bajada que desemboque en la playa, una bitácora de viaje que me catapulte desde los mágicos días de mi infancia hasta el celaje de los grandes barcos que pueblan tus horizontes.
Jose Gotopo

Maracaibo - 2012