viernes, 30 de agosto de 2013

ELEODORA HERNÁNDEZ, ALIAS MALOLA



           Bajó desde la sierra de Acurigua en burro, un día completo saliendo a las cuatro de la mañana para llegar en la noche a Coro, buscando mejorar la vida, allí una hermana casada le dio alojo, no solo a ella sino a su esposo y a esa chorrera de muchachitos. Pero la mala suerte andaba merodeando y a Malola se le murió el esposo, entonces tuvo que fajarse a lavar y planchar cerros de ropa ajena para alimentar a sus pequeñitos y mandarlos para la escuela y al final triunfó porque sus hijos se graduaron en la universidad y ella pudo dedicarse tranquilamente a hacer sus arepas peladas y a darse una vuelta todas las mañanas por el mercado a ver si encontraba una buena costilla de chivo salado. El resto era recoger los Cerezos y los Tamarindos en el solar de la casa del callejón Cristal, donde vivía con su hija Dominga, una institución en el campo de la enfermería. Malola era un personaje de los mas populares en el barrio Chimpire, está fotografía se la tomé en plena calle Aurora, frente al deposito de los camiones de café Madrid. Años después me enteré que una fractura de cadera se la llevó de este mundo, le faltaban tres meses para cumplir cien años, esto me lo dijo por teléfono mi sobrina Brindicy , yo estaba en Beirut contemplando el Mediterráneo desde una colina,  allí elevé una oración de gratitud , un silencioso homenaje a su eterna sonrisa, a su cálida ternura.

José Gotopo