martes, 12 de marzo de 2013


Los Pintores del Taller Adicora

           

            El pueblo de Adicora tiene un singular encanto, a mediados del siglo XX mantenía una estrecha relación comercial con Las Antillas Neerlandesas, pero la construcción de las refinerías de Amuay y Punta Cardón la fueron minando y ahora solo es un pueblo pintoresco a orillas del mar, con bellas casa que datan de la colonia y posadas veraniegas donde suelen pasar  vacaciones los temporadistas que añoran escuchar la efervescencia de su oleaje.

            Esta comarca es un destino turístico, una aldea de pescadores y contrabandistas, una encrucijada de abastecimiento para los pueblos circunvecinos y extrañamente un epicentro de la pintura.


            Pero la eclosión vendría cuando un pintor merideño llegaba a Adicora con la intención de vacacionar durante una semana, se trata del artista Emiro Lobo quien se enamoró de una muchacha bellísima de Coro y la semana de vacaciones se le convirtió en treinta años de falconianidad, aquí estableció una empatía con los tres personajes antes mencionados y seguidamente con dos pintores corianos que habían decidido irse a vivir a Adicora; Nicasio Duno y Wiche Colina.

 
            A finales de la década del setenta tres grandes creadores venezolanos tenían casa en Adicora; la escultora Lía Bermúdez, artífice del lenguaje abstracto constructivista, con una vasta obra realizada sobre todo en hierro y fibra de vidrio, docente de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Zulia y muy ligada al movimiento del arte cinético en Venezuela. El segundo personaje es el dramaturgo Álvaro de Rosson, un emblema del teatro en Venezuela, escenógrafo, diseñador, teórico de la artes, para ese entonces comenzaba a presentar problemas de salud y había decidido instalarse frente al mar de Las Antillas como una urgente recomendación médica. El tercer personaje se llama Dámaso Ogaz, intelectual de origen chileno, estuvo muy vinculado al grupo caraqueño “El Techo de la Ballena”, era poeta, crítico de arte, promotor cultural, y artífice del humor negro, vino a Coro a fundar el instituto de la cultura del estado Falcón. Recién regresaba de Europa y estaba muy influenciado por el movimiento surrealista, lo que le permitió abordar el collage de una manera iconoclasta, lenguaje que más tarde emularía el artista Valenciano Carlos Zerpa, todavía quedan dispersos en la ciudad de Coro algunas de estas obras maestras, pioneras del “Antiarte” en Venezuela.
           
          Aquella veladas se convirtieron en un hervidero de ideas confrontadas, se habían topado la teoría y la práctica en un paisaje de belleza única. Emiro Lobo era un excelente pintor y dibujante, Manuel Espinoza le consiguió una beca para estudiar en Alemania cuando Emiro aun era menor de edad, allí su temperamento se tensó con la alquimia de los expresionistas, eso lo convierte en el pintor más desenfadado que ha habido entre nosotros, él se encargó de enseñarnos el lenguaje de la gestualidad en el dibujo y la pintura.

            Siempre amable y sonriente, un cigarrillo encendido entre los labios y exorcizado por el aroma del ron de la caña de azúcar, para Emiro el acto de pintar era una lucha cuerpo a cuerpo con la tela, una inmediatez que solo logran los grandes dibujantes, para todo expresionista pintar es trazar con el color.




       El encuentro entre Emiro Lobo y Nicasio Duno hizo un chispazo, es algo mítico en la historia de la pintura de esta zona, fueron hermanos del alma, a partir de ese encuentro la pintura de Nicasio Duno ganó gestualidad y juntos emprendieron proyectos y participaron en el salón Michelena y ganaron el salón de arte lagoven Amuay y ejercitaron la bohemia a destajo, yo los veía en su eterna celebración por los lados de la avenida  Manaure, a  esta  dupla  se  le  sumó  Wiche  Colina  quien  comenzó  pintando paisajes  de  corte  surrealista,   pero  los críticos  de  Adicora  hicieron talco esa  pintura y los mismos intelectuales mordaces  lo orientaron a elaborar una serie de obras hechas a base de impulsos y manchas gestuales, como reinterpretando la flora y la fauna marina, Wiche era aficionado al submarinismos y con esa obra logró notoriedad, el influjo y la energía de la obra de Emiro Lobo habían causado un buen efecto en la pintura de Wiche.



Se me olvidaba decir que tanto Emiro como Nicasio trabajaron el diseño gráfico y la publicidad de manera paralela con el arte de la pintura, una se nutría de la otra y viceversa, al tiempo que establecieron una amistad con toda la intelectualidad falconiana, sobretodo con poetas y narradores, con los cuales colaboraron durante décadas en el diseño de libros y revistas y sobre todo ilustraciones de textos donde sus improntas dejaron una huella inalterable en la historia editorial del estado.


      Nicasio Duno es de los artistas más completos de Venezuela, domina todas las técnicas del dibujo y la pintura, su serie  de personajes elaborada en plumilla en la década del setenta, es representativo de la nueva figuración en su mejor momento, Nicasio es un dibujante genial, su pintura que va de la figuración a la abstracción orgánica, esta construida a base de colores armónicos y pinceladas temblorosas y gestuales, un manera poética de reinterpretar y narrar las cosas de la vida cotidiana.
            


  
       Como buen coriano Nicasio Duno es un gran conversador, a ningún pintor le va tan bien la corianidad como a él, la primera vez que lo vi fue en el año 1979, estaba vestido de blanco y la gente lo rodeaba y lo aplaudía en el antiguo club de la CANTV, allí bailaba con mucha destreza una canción de Las Estrellas de Fania.

          Nicasio es uno de los mejores pintores de nuestra historia y su amistad con Emiro Lobo es un ejemplo invaluable de camaradería y solidaridad, pero la bohemia hizo estragos en la humanidad de Emiro Lobo, el exceso de ron y cigarro le produjeron un cáncer en la garganta que lo fue minando lentamente, la última vez que hablamos me llamó por teléfono a Maracaibo para pedirme que lo acompañara a una consulta, pero dos días después el pintor Benito Mieses me dijo que Emiro había muerto. Nos queda su lección de maestro del dibujo y la pintura, la síntesis de la forma y la economía de la línea como si se tratara de un calígrafo japonés, los pintores de la ciudad de Coro nunca olvidaremos sus valiosas lecciones.


José Gotopo
07-04-2012

1 comentario:

Adicora dijo...

Que buen post, es my completo. Nunca me imaginé que la propia Lía Bermúdez hubiera tenido su casa en paraguaná, indudablemente estos paisajes deben tener alguna afectación en la vena artística de cualquiera.